EMPAPADOS DE EMOCIÓN,
EMPAPADOS DE HUMANIDAD… Y LA NECESIDAD DE EMPAPARSE DE GESTIÓN.
Hay
palabras que, además de describir una realidad, permiten explicar un momento
histórico. Una de esas palabras es “Empapado”.
La
definición más conocida nos dice que algo está empapado cuando ha absorbido
tanto líquido que ya no puede contener más. Todos hemos llegado alguna vez a
casa empapados después de una intensa lluvia o al pisar algún charco.
Sin
embargo, el lenguaje también nos ofrece una acepción mucho más sugerente. Estar
empapado de una idea, de un conocimiento o de unos valores significa haberlos
interiorizado profundamente, comprenderlos y hacerlos parte de uno mismo.
Estos
días, Gran Canaria ha vivido un acontecimiento que difícilmente pasará desapercibido
en la memoria colectiva de nuestra tierra; La visita de Su Santidad el Papa
León XIV, la cual ha generado una extraordinaria movilización ciudadana,
institucional y social.
Más
allá de las creencias religiosas de cada persona, resulta evidente que miles de
ciudadanos han seguido con interés sus intervenciones, sus encuentros y los
mensajes que ha compartido durante su estancia entre nosotros.
Podría
afirmarse, por tanto, que una parte importante de la sociedad canaria ha estado
empapada de emoción.
Empapada
de esperanza, Empapada de simbolismo, Empapada de sentimientos compartidos.
Pero
quizás, lo más importante no haya sido la emoción generada por la visita, sino
el contenido de las reflexiones transmitidas por S.S.
En
un contexto global marcado por conflictos, incertidumbres, desigualdades y
movimientos migratorios que afectan a millones de personas, S.S. León XIV ha perseverado
en una idea tan sencilla como poderosa: ”La dignidad de la persona humana debe
situarse siempre en el centro de cualquier proyecto colectivo”.
Sus
mensajes han apelado a la fraternidad, a la convivencia, a la solidaridad y al
reconocimiento de la dignidad inherente de cada ser persona por su natural
condición humana; principios que trascienden cualquier creencia religiosa y que
constituyen pilares fundamentales de toda sociedad democrática.
En
Canarias, especial relevancia adquieren estas reflexiones cuando hablamos del
fenómeno migratorio. Y es que nuestra condición atlántica nos ha convertido
históricamente en tierra de encuentro, de acogida y de intercambio entre
culturas. Somos una sociedad construida a partir de generaciones de personas
que llegaron a esta tierra, se integraron en ella y contribuyeron al desarrollo
colectivo.
Por
ello, abordar la migración exige responsabilidad, rigor y humanidad. Cierto que
genera desafíos que deben ser gestionados adecuadamente por las
administraciones competentes, de forma diligente y responsable.
No
obstante, ninguna dificultad puede justificar la pérdida de la empatía hacia
quienes abandonan sus hogares buscando un mejor porvenir, oportunidades,
seguridad o simplemente un futuro mejor.
La
respuesta no puede ser el miedo, ni puede ser el rechazo, ni puede ser la
búsqueda de culpables entre quienes son, en muchas ocasiones, víctimas de
circunstancias dramáticas.
La
respuesta debe ser más convivencia, más cohesión social, más capacidad de
integración… En definitiva, más humanidad.
La
historia nos enseña que las sociedades avanzan cuando construyen puentes, pero
también que retroceden cuando se alimentan divisiones.
Cada
vez que se intenta enfrentar a unas personas contra otras por su origen, su
condición o sus circunstancias, la convivencia se debilita y cada vez que se
fomenta la desconfianza hacia quien es diferente, pierde fuerza aquello que nos
une como comunidad.
Por
el contrario, cuando en cambio prevalecen el respeto, la solidaridad y la
búsqueda de soluciones compartidas, las sociedades se fortalecen y avanzan.
Quizás
esa sea una de las enseñanzas más valiosas que nos deja la visita de S.S. León
XIV; la necesidad de reforzar aquello que nos une como comunidad frente a todo
aquello que pretende dividirnos.
Y
es ahí, precisamente ahí, donde aparece una reflexión que conecta directamente
con la realidad cotidiana de nuestra ciudad.
Porque
una cosa es estar empapado de emoción; Otra es estar empapado de humanidad; Y
otra, muy distinta por cierto, es estar empapado de las necesidades reales de
una comunidad para transformarlas en soluciones.
Gobernar
exige conocer profundamente la realidad que se pretende transformar; Exige
escuchar, comprender, planificar, gestionar…
Exige
dedicar cada día esfuerzos concretos a resolver problemas concretos… En
definitiva, exige ”Empaparse de la Ciudad”.
Y
es aquí donde muchos ciudadanos de Telde se preguntan si quienes tienen la
responsabilidad de dirigir actualmente la Ciudad están verdaderamente empapados
de las preocupaciones que afectan a los vecinos y al municipio.
Después
de tres años de mandato, siguen existiendo cuestiones esenciales que continúan
esperando respuestas satisfactorias: Los barrios siguen reclamando actuaciones
que mejoren su calidad de vida, las instalaciones deportivas continúan
necesitando inversiones, planificación y mantenimiento adecuados, los servicios
públicos afrontan importantes desafíos organizativos, la estructura de personal
municipal requiere respuestas que permitan atender con eficacia las demandas
ciudadanas y diversas infraestructuras estratégicas siguen acumulando retrasos
e incertidumbres que afectan a usuarios, familias y colectivos, entre otras
múltiples carencias y necesidades.
Son
cuestiones que forman parte de la vida diaria de miles de vecinos y que exigen
una atención constante, alejada de la improvisación y centrada en los
resultados.
Como
hemos referido en múltiples ocasiones, la gestión municipal es medible, pero
entendiendo que:
No
se mide por los anuncios, sino por las soluciones.
No
se mide por las expectativas, sino por los avances reales.
No
se mide por los titulares, sino por la capacidad real para mejorar la vida de
las personas.
Y
no olvidemos que nuestra Ciudad de Telde posee enormes fortalezas: Cuenta con
una ubicación estratégica privilegiada, dispone de talento humano, tiene tejido
empresarial, capacidad económica e identidad propia, patrimonio y cultura que
trasciende, tiene barrios llenos de historia y potencial, tiene jóvenes con
talento y mayores con experiencia…
Tiene
todos los ingredientes necesarios para convertirse en una referencia de
desarrollo, innovación, cohesión social y calidad de vida.
Pero
claro, para conseguirlo resulta imprescindible disponer de un proyecto
compartido de ciudad: Un proyecto que mire más allá de la gestión del día a
día, un proyecto capaz de definir objetivos claros y alcanzables, un proyecto
que combine crecimiento económico con progreso social, un proyecto que
fortalezca los servicios públicos, impulse las oportunidades y que por
supuesto, de manera transversal, sitúe a las personas en el centro de las
decisiones.
Quizás
por eso, la verdadera reflexión que deja esta semana no tiene que ver
únicamente con los acontecimientos extraordinarios que hemos vivido, sino con
nuestra propia realidad cotidiana.
Cuando
terminan los actos institucionales, cuando se apagan los focos y cuando
desaparecen los titulares, permanece la ciudad real.
Permanece
la misma ciudad que cada mañana abren los comerciantes.
La
misma ciudad que recorren los trabajadores.
La
misma ciudad que utilizan nuestros deportistas.
La
misma ciudad en la que viven nuestros mayores y la Telde en la que quieren
construir su futuro nuestros jóvenes.
Y
es, precisamente, esa ciudad la que nos invita a formular una pregunta tan
sencilla como necesaria:
¿Estamos avanzando al ritmo que Telde merece?
Y
no me malinterpreten; Esta reflexión no va de buscar culpables, atacar a nadie ni
de alimentar confrontaciones estériles.
Se
trata de analizar resultados, de comparar expectativas con realidades.
De
observar con criterio si la Ciudad de Telde dispone hoy de más impulso, más
planificación y más capacidad de respuesta que hace tres años.
Porque
toda acción de gobierno debe estar sometida a una evaluación permanente por
parte de la ciudadanía.
Y
es ahí, cuando una sociedad comienza a preguntarse con insistencia hacia dónde
camina, qué modelo de ciudad se está construyendo o si existe una hoja de ruta
claramente definida para afrontar los desafíos del presente y del futuro, cuando
conviene escuchar esas preguntas con atención.
No
como una crítica destructiva, sino como una oportunidad para la reflexión
colectiva.
Telde
posee recursos, talento, capacidad económica y potencial suficiente para
liderar muchas de las oportunidades y retos de futuro que tiene ante sí.
Pero
claro, para lograrlo necesita dirección, planificación y una visión compartida.
Se
necesita un proyecto de ciudad consensuado, capaz de movilizar energías,
generar confianza y ofrecer respuestas a los problemas cotidianos.
Se
necesita un equipo de personas que quiera a Telde y esté preparado para
afrontar los desafíos de una ciudad moderna, diversa y con enormes
posibilidades de crecimiento.
En
definitiva, necesita personas profundamente empapadas de su
realidad.
Y
es que el caso de la Telde de otras épocas, así como otros cientos de ejemplos
dentro y fuera de Canarias, demuestra que las ciudades progresan cuando quienes
las gobiernan comprenden sus necesidades, escuchan a sus vecinos y convierten
las palabras en hechos.
Y
quizás sea precisamente ahora, cuando nos acercamos a una nueva etapa para
nuestro municipio, el momento adecuado para que todos —instituciones, colectivos y ciudadanía— participemos de una
reflexión serena sobre la Telde que tenemos y la Telde que queremos para el futuro
de las generaciones venideras.
Una
reflexión abierta, responsable y constructiva.
Una
reflexión sobre el presente, sí, pero sobre todo, de cara al futuro.
Porque
los ciudadanos no necesitan dirigentes empapados únicamente de protagonismo.
Telde
necesita dirigentes empapados de gestión, y esto es dirigentes empapados de
trabajo, planificación, compromiso, responsabilidad, entrega y humanidad… Empapados
de Ciudad.
Y
esa esta, probablemente, la reflexión más importante que hoy merece Telde.
José Luis Macías
Alonso es Concejal-Portavoz de Nueva Canarias Bloque Canarista en el M.I. Ayuntamiento
de Telde y Secretario General de Nueva Canarias – Bloque Canarista Telde.





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