Canarias ante el 29N
Hay momentos
en los que la política exige levantar la mirada y reconocer qué está en juego
para nuestra gente. Momentos en los que las diferencias deben encontrar un
cauce de entendimiento y las legítimas identidades políticas deben ponerse al
servicio de una responsabilidad compartida. Para Canarias, el próximo 29 de
noviembre representa una oportunidad para defender los derechos sociales,
fortalecer lo público y reclamar una mayor capacidad para decidir sobre nuestro
presente y nuestro futuro.
Desde mis
convicciones canaristas y de izquierdas, quiero expresar con claridad mi apoyo
a la candidatura de Unidad del Pueblo Canario al Congreso de los Diputados y a
la candidatura del Frente Amplio al Senado. Entiendo ambos apoyos como parte de
un mismo compromiso: contribuir a que nuestro pueblo tenga una voz propia,
firme y comprometida con la justicia social en las Cortes Generales.
Una voz que
nazca de esta tierra, conozca sus dificultades y lleve consigo las
preocupaciones de quienes la habitan. Una representación que vincule la defensa
de Canarias con la vida cotidiana de las personas que trabajan, cuidan,
estudian, buscan una vivienda o esperan una respuesta de los servicios
públicos.
Apoyar a
Unidad del Pueblo Canario al Congreso significa, para mí, apostar por una
representación que haga de Canarias el origen de sus decisiones y el lugar al
que rendir cuentas. Nuestro archipiélago necesita capacidad de iniciativa
política y una agenda propia que no dependa de cuándo nuestros problemas
resulten convenientes para el debate estatal.
Las
dificultades que atravesamos tienen nombres concretos: salarios que no
alcanzan, alquileres que expulsan a las familias de sus barrios, jóvenes que
encuentran más oportunidades fuera de su tierra, servicios públicos sometidos a
una presión creciente y un territorio que soporta los límites de un modelo económico
profundamente desigual.
A ello se
añaden la dependencia alimentaria y energética, los sobrecostes de la
insularidad y las diferencias entre islas. Son realidades que deben ocupar un
lugar central en las decisiones sobre financiación, inversiones, legislación y
derechos sociales.
Quiero una
voz canaria en el Congreso que defienda a quienes viven de su trabajo; que reclame
una financiación suficiente para nuestros servicios públicos; que impulse
respuestas al problema de la vivienda y que entienda que proteger el territorio
también es proteger las posibilidades de las próximas generaciones.
Ese es el
sentido de mi apoyo a Unidad del Pueblo Canario: contribuir a construir una
representación en la que la identidad de nuestro pueblo y las necesidades
materiales de nuestra gente caminen juntas.
Mi apoyo a
la candidatura del Frente Amplio al Senado responde a esa misma voluntad de
sumar fuerzas. La pluralidad progresista de Canarias debe ser capaz de
encontrar objetivos compartidos y traducirlos en una representación útil para
el archipiélago.
El Senado,
como cámara de representación territorial, debe escuchar con fuerza las
necesidades de una tierra fragmentada por el mar. La residencia en una isla u
otra condiciona demasiadas veces el acceso a tratamientos sanitarios, estudios,
transportes y oportunidades laborales. Corregir esas desigualdades exige
compromiso político, recursos y una defensa constante de nuestra realidad.
La
candidatura del Frente Amplio debe servir para reunir sensibilidades distintas
alrededor de esas prioridades. Su fortaleza estará en el respeto mutuo, en la
participación y en la capacidad de construir una propuesta que la ciudadanía
reconozca como propia.
La unidad
merece la pena cuando permite avanzar. Cuando ayuda a defender un servicio
público, garantizar un derecho o conseguir que una necesidad desatendida
encuentre respuesta. Ese es el acuerdo que apoyo: el que se construye desde
Canarias y adquiere sentido en la vida de su gente.
Apoyar a
Unidad del Pueblo Canario al Congreso y al Frente Amplio al Senado expresa una
voluntad política coherente: fortalecer la presencia de Canarias y contribuir a
una mayoría capaz de ampliar derechos y combatir las desigualdades.
Cada
candidatura tiene su espacio y su responsabilidad. Mi apoyo a ambas nace de la
convicción de que el canarismo de izquierdas debe trabajar para que nuestra
tierra gane capacidad de decisión y nuestra gente viva mejor.
La soberanía
se concreta también en la posibilidad de acceder a una vivienda, producir una
mayor parte de nuestros alimentos, desarrollar energías renovables con
participación social y decidir qué actividades económicas queremos impulsar y
qué territorio debemos preservar.
Un pueblo
gana libertad cuando dispone de herramientas para orientar su futuro. Y esa
libertad necesita una base material: educación, salud, trabajo digno, cuidados
y oportunidades.
Por eso,
defender Canarias exige preguntarse cómo se distribuye la riqueza que se genera
aquí, quién soporta los costes del modelo económico y qué decisiones
permitirían mejorar la vida de la mayoría.
La sanidad,
la educación, la dependencia, las pensiones y los servicios sociales sostienen
la dignidad de miles de familias. Son derechos que deben poder ejercerse con
independencia de los ingresos o del lugar de residencia.
Como
maestro, conozco el valor de una escuela pública que acompaña al alumnado y
trata de ofrecer oportunidades desde realidades familiares muy diferentes. Como
persona que ha trabajado en los servicios sociales, sé lo que significa que una
ayuda llegue a tiempo, que una familia encuentre apoyo o que una persona mayor
reciba los cuidados que necesita.
Detrás de
cada presupuesto hay vidas concretas. Hay profesionales que necesitan medios
para atender adecuadamente y personas que no pueden seguir esperando.
En Canarias,
reforzar lo público implica además garantizar la cohesión entre nuestras islas.
La igualdad requiere tener en cuenta cuánto cuesta prestar los servicios en
cada territorio y qué recursos hacen falta para que los derechos sean
efectivos.
Ese debe ser
un compromiso esencial de quienes aspiren a representarnos: defender una
financiación suficiente, mejorar la gestión y exigir transparencia, poniendo
siempre el interés general en el centro.
Ante las
políticas de la derecha y la ultraderecha, la izquierda tiene la
responsabilidad de ofrecer respuestas claras. La defensa de los derechos
laborales, la igualdad entre mujeres y hombres, la protección social y la
convivencia democrática exige propuestas y voluntad de llevarlas adelante.
El malestar
de la ciudadanía necesita soluciones. La dificultad para encontrar vivienda, la
precariedad o la saturación de los servicios públicos no se resuelven enfrentando
a unas personas con otras ni señalando a quienes se encuentran en una situación
más vulnerable.
Se resuelven
con políticas públicas, con una distribución más justa de la riqueza y con
instituciones capaces de responder a las necesidades de la población.
El canarismo
de izquierdas que defiendo reconoce la dignidad de todas las personas y
entiende la pertenencia a esta tierra como una responsabilidad compartida.
Quiere una Canarias que cuide a su gente, proteja sus raíces y construya
convivencia.
Expresar mi
apoyo a estas candidaturas supone también pedirles compromiso, participación y
coherencia. La confianza ciudadana debe cuidarse durante toda la legislatura,
escuchando a las organizaciones sociales, al sindicalismo, al feminismo, al
ecologismo, a los movimientos vecinales, a las entidades deportivas, a las
entidades culturales, a las AMPAS y a quienes sostienen nuestros barrios y
pueblos.
Las
candidaturas deben mantener un vínculo vivo con esa realidad. Escuchar,
explicar sus decisiones y rendir cuentas. La unidad se fortalece cuando las
personas comprueban que su participación sirve y que sus problemas siguen presentes
después de las elecciones.
Canarias
necesita representantes que conozcan el esfuerzo de quienes levantan cada día
una persiana, trabajan la tierra, pastorean en nuestra medianía y cumbres,
salen a la mar, atienden a una persona dependiente o encadenan empleos sin
lograr estabilidad.
Es ahí donde
debe medirse la utilidad de la política.
Mi apoyo,
desde la convicción
El 29N apoyaré
a Unidad del Pueblo Canario al Congreso y al Frente Amplio al Senado porque
quiero contribuir a una Canarias con voz propia, mayor capacidad de decisión y
un compromiso firme con la justicia social.
Lo haré
desde mis convicciones, con esperanza y con la exigencia de que cada
representación obtenida sirva para defender los derechos de nuestro pueblo.
Quiero que
Canarias esté presente cuando se decida sobre la vivienda, los salarios, las
pensiones, la financiación o la protección de nuestro territorio. Que sus
necesidades se escuchen y sus propuestas encuentren espacio. Que nuestra gente
pueda construir aquí una vida digna y que nuestros hijos e hijas puedan elegir
quedarse.
Ese es el
horizonte que da sentido a mi apoyo: Una Canarias que decida más, reparta mejor
la riqueza y cuide a su gente.
Diego Ojeda Ramos fue concejal del
Ayuntamiento de Telde.


.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)







