𝙇𝙖 𝙜𝙚𝙨𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙪𝙣 𝙚𝙦𝙪𝙞𝙥𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙧𝙚𝙮𝙤́ 𝙝𝙖𝙨𝙩𝙖 𝙚𝙡 𝙛𝙞𝙣𝙖𝙡
Hay temporadas que se
recuerdan por los títulos. Y hay temporadas que se quedan grabadas para siempre
por la forma en la que se conquistan. Lo que ha hecho el Rocasa Gran Canaria
esta campaña trasciende el deporte. Es una auténtica gesta histórica. Una
lección de fe, constancia, disciplina y compromiso colectivo que ya forma parte
de la historia grande del balonmano canario.
Este equipo se ha proclamado
campeón de la Liga Guerreras Iberdrola conquistando su segunda liga, pero este
éxito no nació de la casualidad ni de un golpe de fortuna. Es el resultado de
meses de sacrificio silencioso, de una plantilla corta, exigida al límite,
castigada por las lesiones y obligada a reinventarse jornada tras jornada.
Pese a todas las
dificultades, el Rocasa supo resistir. Supo sufrir. Supo levantarse. Y lo hizo
hasta terminar una durísima liga regular en una meritoria segunda posición.
Para algunos fue una sorpresa. Para quienes siguieron de cerca el día a día del
equipo, no lo fue tanto. Porque detrás de esa clasificación había horas
infinitas de trabajo, esfuerzo invisible y una convicción inquebrantable.
Entonces llegó el play-off. Y
con él, el momento de demostrar de qué estaba hecho este grupo.
En cuartos esperaba el Elche,
finalista en todas las ediciones de este formato y uno de los equipos más
sólidos del campeonato. El golpe de la ida, con una derrota por cinco goles,
parecía un muro demasiado alto. Pero este Rocasa ya había aprendido durante
toda la temporada que ningún obstáculo es definitivo cuando un grupo cree de
verdad.
Y el Antonio Moreno empujó. Y
el equipo respondió. Con una remontada brillante, de esas que solo se explican
desde el corazón, las teldenses dieron el primer gran golpe sobre la mesa.
Después llegó el Málaga Costa
del Sol. Otro gigante. Otro desafío mayúsculo. Y de nuevo el Rocasa respondió
como responden los equipos que están destinados a algo grande: compitiendo con
alma, inteligencia y una fe inquebrantable.
Y entonces apareció el coloso
final: el todopoderoso Super Amara Bera Bera. El mejor de tres partidos. Con
factor cancha para las vascas. Con toda la lógica deportiva apuntando hacia San
Sebastián.
Pero el deporte no entiende
de pronósticos cuando enfrente hay un grupo convencido de su destino.
Fue ahí donde emergió con
toda su dimensión el trabajo de Dejan Ojeda. El entrenador más joven de la Liga
Guerreras Iberdrola ha firmado una temporada sencillamente magistral. Su
capacidad para sostener al equipo en los momentos más difíciles, para
transmitir
confianza cuando las dudas podían aparecer, y para construir una
identidad colectiva tan sólida como reconocible merece un reconocimiento
enorme.
En el Gasca dio una auténtica
lección táctica, levantando un muro defensivo que permitió asaltar San
Sebastián y cambiar por completo la dinámica de la final. Fue la demostración
de que el talento también se construye desde la pizarra, desde el liderazgo
sereno y desde una idea en la que todas creyeron.
Pero si algo ha definido a
este Rocasa ha sido precisamente eso: creer.
Creer en el mensaje del
entrenador. Creer unas en otras. Creer cuando las piernas pesaban, cuando las
lesiones golpeaban y cuando el camino parecía cuesta arriba.
Y así se llegó al desenlace
soñado en el Polideportivo Insular Antonio Moreno.
No fue sencillo. No podía
serlo. El Bera Bera peleó hasta el último segundo, se puso por delante en
varias ocasiones y obligó al Rocasa a sacar su mejor versión. Pero cuando
llegan esos momentos en los que solo sobreviven quienes tienen el alma
preparada, este equipo volvió a demostrar de qué está hecho.
La fe. La constancia. La
disciplina.
Tres palabras que resumen una
temporada irrepetible.
Y junto al equipo, una
afición ejemplar. El Antonio Moreno lleno hasta la bandera fue una jugadora
más. Cada aplauso, cada grito, cada aliento llevó en volandas a unas jugadoras
que sintieron el calor de su gente en cada defensa y en cada ataque. Esa
comunión perfecta entre grada y pista fue una de las grandes claves del éxito.
Quizá muchos no contaban con
ellas. Quizá algunos dudaron.
Pero este grupo respondió
como responden las campeonas de verdad: haciendo equipo. Manteniéndose unido en
las buenas y, sobre todo, en las menos buenas. Haciendo de la cohesión su mayor
fortaleza.
Hoy Gran Canaria celebra
mucho más que una liga.
Celebra la victoria de un
grupo que decidió creer cuando nadie más lo hacía.
Celebra la obra de un
entrenador valiente que supo guiar a las suyas.
Celebra el orgullo de una
afición que nunca dejó de empujar.
Y celebra una gesta histórica
que confirma que cuando el talento se une al trabajo, la disciplina se abraza a
la fe y un vestuario se entrega en cuerpo y alma a una idea, no hay imposibles.
Este Rocasa Gran Canaria ya
es eterno.
*Diego Fernando Ojeda Ramos, fue
concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del
sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular
de Gran Canaria.

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