jueves, 27 de agosto de 2026

Cuando se acaban los argumentos

 

Cuando se acaban los argumentos

Hay una vieja máxima no escrita en la política: cuando escasean los argumentos, aparece el ataque personal. Es el recurso más sencillo, el más rápido y, en ocasiones, el más eficaz para desviar la atención del verdadero debate. Porque discutir ideas exige conocimiento, preparación y voluntad de escuchar. Atacar a la persona solo requiere un teclado, un perfil en una red social o el amparo de un pseudomedio, y la intención de hacer daño.

 

Vivimos una época paradójica. Nunca antes había sido tan fácil acceder a la información y, sin embargo, nunca había resultado tan sencillo difundir la desinformación. Las redes sociales han democratizado la palabra, un avance indiscutible para la libertad de expresión, pero también han abierto la puerta a un fenómeno inquietante: la sustitución del debate por el insulto, de la razón por la descalificación y de los hechos por el ruido.

 

Cuando alguien no domina un asunto o carece de argumentos sólidos, rara vez decide estudiar, escuchar o aprender. Con demasiada frecuencia opta por desacreditar a quien sabe más, cuestionar sus intenciones o caricaturizar sus ideas. Es más fácil etiquetar a una persona de ignorante, corrupta, vendida o incapaz que responder con datos, propuestas o razones. El ataque personal se convierte así en un refugio para quien no encuentra la solidez intelectual necesaria para sostener su posición.

 

Ese mecanismo tiene incluso un nombre en la tradición filosófica: el ataque "ad hominem". En lugar de refutar una idea, se intenta destruir la credibilidad de quien la defiende. La verdad deja de importar; lo importante es que el adversario quede señalado. El debate público deja entonces de ser un espacio para confrontar proyectos y se transforma en un espectáculo donde vencer importa más que convencer.

 

Las redes sociales amplifican este fenómeno. El anonimato o el refugio tras perfiles falsos proporcionan una sensación de impunidad que difícilmente existiría en una conversación cara a cara. Hay quienes jamás se atreverían a pronunciar determinadas palabras delante de otra persona, pero las escriben sin pudor desde la comodidad de una pantalla. La distancia digital elimina el gesto, la mirada y la responsabilidad moral que acompañan a cualquier diálogo entre seres humanos.

 

A esa realidad se suma la proliferación de los llamados pseudomedios: espacios que adoptan la apariencia de medios de comunicación, pero que renuncian a los principios esenciales del periodismo. Su objetivo no siempre es informar, sino influir; no siempre es contrastar los hechos, sino confirmar los prejuicios de su audiencia; no siempre es buscar la verdad, sino generar indignación, clics y polarización. La opinión se disfraza de noticia, el rumor se presenta como prueba y la sospecha acaba convertida en sentencia.

 

Paradójicamente, quienes más invocan la libertad de expresión son, en ocasiones, quienes menos toleran la libertad de pensamiento. Confunden la crítica con una agresión personal y responden a los argumentos con campañas de descrédito. No pretenden rebatir una idea; pretenden desacreditar a quien la expresa. Es una estrategia tan antigua como eficaz: si no puedes desmontar el mensaje, intenta destruir al mensajero.

 

Sin embargo, una democracia madura necesita exactamente lo contrario. Necesita periodistas que verifiquen antes de publicar, ciudadanía que contraste antes de compartir y responsables públicos capaces de responder a las críticas con argumentos en lugar de recurrir a la descalificación. La discrepancia fortalece la democracia; el insulto la empobrece.

 

Quien confía en la fuerza de sus ideas no necesita destruir a quien piensa diferente. Expone, razona, escucha y convence. Quien recurre sistemáticamente al ataque personal suele revelar, quizá sin pretenderlo, la fragilidad de su propia posición. El insulto puede proporcionar un aplauso fácil, un titular llamativo o miles de interacciones en las redes sociales, pero jamás sustituirá a un argumento bien construido.

 

La política nació para confrontar ideas, no para destruir personas. El adversario político no es un enemigo; es alguien que propone un camino distinto para alcanzar el bien común. Cuando olvidamos esa diferencia, dejamos de hacer política para alimentar la confrontación permanente y convertir el espacio público en un campo de batalla.

 

Hace más de dos mil años, Aristóteles afirmó que "el hombre es por naturaleza un animal político". Con ello no solo describía nuestra necesidad de vivir en comunidad, sino también nuestra capacidad para deliberar, dialogar y buscar juntos el bien común. Esa es la esencia de la política: el intercambio de razones, no el intercambio de insultos.

 

Porque los argumentos construyen puentes; los insultos solo levantan trincheras. Los puentes permiten que las ideas circulen, que las diferencias se comprendan y que las sociedades avancen. Las trincheras, en cambio, aíslan, enfrentan y convierten al vecino en un adversario permanente.

 

Una sociedad que sustituye los puentes por las trincheras termina olvidando que la política nació para encontrarse, para dialogar y para construir un futuro compartido. La democracia no se fortalece cuando todos piensan igual, sino cuando quienes piensan distinto son capaces de debatir con respeto, honestidad y argumentos. Esa es la verdadera grandeza de la política y también la mayor responsabilidad de quienes participan en ella. Como enseñó Aristóteles, la política solo alcanza su plenitud cuando está orientada al bien común; todo lo que la aleja de ese propósito —el insulto, la mentira y la descalificación— no la fortalece, sino que la degrada.

Diego Fernando Ojeda Ramos, fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.


martes, 25 de agosto de 2026

Nueva Canarias Telde celebra el nombramiento de los 32 policías: «al final, reivindicar y perseverar sí sirve»

 


Nueva Canarias Telde celebra el nombramiento de los 32 policías: «al final, reivindicar y perseverar sí sirve»

 

Macías felicita a los agentes y sus familias, reconoce el papel decisivo de los sindicatos y lamenta que hayan sido necesarios meses de reivindicaciones y un pronunciamiento judicial para que el Gobierno municipal culminara el procedimiento

 

Nueva Canarias–Bloque Canarista Telde celebra el nombramiento definitivo como funcionarios de carrera de los 32 agentes de la Policía Local y felicita especialmente a los profesionales y a sus familias después de una espera que se ha prolongado mucho más de lo razonable. Para el portavoz de NC Telde, José Luis Macías, la resolución demuestra también que la perseverancia de los trabajadores y la acción sindical tienen resultados: “Hoy toca alegrarnos por los agentes y sus familias. Han esperado, han cumplido con sus obligaciones, han seguido trabajando y finalmente han conseguido la estabilidad profesional que reclamaban. La pena es que para llegar a algo que hoy se presenta con tanta normalidad hayan hecho falta tantos meses, movilizaciones, reivindicaciones sindicales y hasta un pronunciamiento judicial”.

 

Macías destacó especialmente el trabajo desarrollado por UGT, CCOO, Intersindical Canaria y CSIF, cuya unidad y constancia permitieron mantener la situación de los agentes y de la plantilla municipal en el centro del debate. “A veces parece que los problemas solo empiezan a existir cuando el Gobierno anuncia que los ha solucionado. Pero antes hubo trabajadores reclamando, sindicatos insistiendo y meses en los que la respuesta no llegaba. Conviene recordarlo ahora que todo son felicitaciones”, señaló el portavoz, quien considera que este desenlace demuestra que “reivindicar sirve y que una organización sindical fuerte y perseverante puede conseguir que aquello que parecía eternizarse termine avanzando”.

 

Nueva Canarias recuerda que acompañó esta reivindicación sin pretender apropiarse de ella. Macías trasladó reiteradamente al Pleno las denuncias sindicales sobre la situación de la plantilla municipal y NC estuvo también junto a los trabajadores en sus movilizaciones. El 9 de junio, los concejales José Luis Macías y Álvaro Monzón participaron en la concentración celebrada ante el Ayuntamiento en apoyo a los policías y sus representantes sindicales. “Cuando todavía no había nombramientos ni fotografías de celebración, nosotros entendimos que nuestro sitio estaba escuchando a los agentes, llevando sus demandas al Pleno y acompañándolos en la calle. No hicimos nada extraordinario; hicimos lo que corresponde a una oposición que pretende ser útil”, afirmó Macías.

 

La formación recuerda igualmente que el auto judicial de 25 de mayo de 2026 despejó la cuestión jurídica que condicionaba el procedimiento y abrió el camino para culminar los nombramientos. Desde entonces, NC reclamó agilidad para completar los trámites pendientes. “El final es positivo, pero tampoco deberíamos convertir un retraso en un éxito de gestión. Cuando una solución llega después de meses de incertidumbre, presión sindical y una resolución judicial, quizá lo razonable sea felicitar a quienes perseveraron y aprender para que la próxima vez la Administración llegue antes que el problema y no detrás de él”, manifestó Macías.

 

El portavoz concluyó poniendo el acento en los verdaderos protagonistas de la jornada: “Hoy ganan los 32 agentes, sus familias y quienes no dejaron de defender sus derechos. Felicitamos sinceramente a los policías y reconocemos el trabajo incansable de sus representantes sindicales. Nosotros estamos satisfechos de haber estado a su lado cuando la solución todavía no había llegado. Ahora esperamos que el Gobierno haya aprendido una lección sencilla: escuchar a tiempo suele ser bastante más fácil que explicar después por qué se tardó tanto”. NC Telde considera que, cerrado este capítulo, corresponde seguir trabajando para fortalecer la Policía Local y afrontar los problemas que continúan afectando al conjunto de la plantilla municipal.

 


viernes, 21 de agosto de 2026

EL EDIFICIO DE LOS ANTIGUOS MULTICINES: UNA OPORTUNIDAD PARA VOLVER A CREAR CIUDAD

 

EL EDIFICIO DE LOS ANTIGUOS MULTICINES: UNA OPORTUNIDAD PARA VOLVER A CREAR CIUDAD

Durante demasiado tiempo hemos seguido llamándolo los antiguos Multicines, porque así es como todos reconocemos el edificio. Pero quizá haya llegado el momento de dejar de pensar en lo que fue y empezar a preguntarnos qué puede llegar a ser. Hoy el inmueble ya es propiedad municipal, pertenece a todos los teldenses, y eso nos ofrece una oportunidad que no deberíamos desaprovechar. No creo que debamos limitarnos al uso para el que fue concebido hace décadas. La pregunta debe ser más ambiciosa: ¿Qué necesita hoy Telde y cómo puede ayudarnos este edificio a conseguirlo? Recuperarlo no significa volver al pasado, sino aprovechar un patrimonio que ya es de todos para generar actividad económica y social, impulsar nuestro tejido empresarial, crear oportunidades y contribuir a devolver vida al corazón de la ciudad. El reto no es recuperar los antiguos Multicines; el reto es recuperar el edificio para el futuro de Telde.

Las posibilidades son muchas: salas para conferencias, formación o proyecciones; un centro de negocios; espacios de trabajo compartido; un vivero para pequeñas empresas, profesionales y jóvenes emprendedores... Son ideas, no decisiones tomadas. Puede haber otras y seguramente algunas serán mejores. En estos años he aprendido que muchas buenas propuestas para Telde surgen hablando con quien abre cada mañana su comercio, intenta sacar adelante una empresa, quiere emprender o conoce de primera mano las necesidades de nuestra ciudad. Escuchemos primero. Abramos este debate a Telde. A comerciantes, empresarios, profesionales, jóvenes, colectivos y ciudadanía. Estudiemos las alternativas, hagamos números y decidamos después. Porque gobernar tampoco consiste en tener todas las respuestas de antemano; consiste en saber escuchar, rodearse de quienes saben, planificar y tener la determinación de decidir cuando llega el momento.

Y hay una circunstancia que multiplica las posibilidades de este inmueble: justo delante tenemos el inacabado aparcamiento de San Gregorio, con 1.022 plazas que podrían facilitar el acceso a cualquier actividad desarrollada en el edificio y, al mismo tiempo, beneficiar a vecinos, comercios y al conjunto de la zona. Una infraestructura que podría estar hoy terminada y funcionando si durante estos tres años el actual Gobierno hubiera aprovechado el tiempo para impulsarla. Hemos tenido numerosos anuncios y vídeos, pero no se ha ejecutado ni un centímetro de obras; cero trabajos y, por tanto, cero soluciones. Edificio, aparcamiento, comercio y actividad urbana no deberían contemplarse como problemas independientes. Como tampoco podemos desligarlos del impulso económico de El Goro, Salinetas, Las Rubiesas, Jinámar, Cruz de la Gallina, Bocabarranco o Las Huesas. Telde necesita fortalecer sus motores económicos y, al mismo tiempo, recuperar el corazón de la ciudad. Y quizá debamos empezar a preguntarnos qué ocurriría si consiguiéramos que todas estas piezas comenzaran a funcionar juntas.

Para conseguirlo hay que transformar las ideas en un proyecto serio. Que el inmueble sea municipal no significa que cualquier uso sea adecuado ni que todo deba gestionarlo directamente el Ayuntamiento. Necesitamos conocer sus condiciones y posibilidades, y encargar un estudio de viabilidad, usos y modelo de gestión que determine qué actividades pueden convivir, qué inversión requieren y cómo conseguir un espacio útil, sostenible y vivo. Y debemos ser ambiciosos. Un inmueble público de estas características no debería convertirse simplemente en otro lugar donde ubicar dependencias administrativas. Tenemos la oportunidad de utilizarlo para atraer talento, apoyar a quien emprende, conectar empresas, ofrecer formación y generar actividad durante todo el año. El Ayuntamiento ya ha recuperado la propiedad; ahora nuestra responsabilidad es conseguir que Telde recupere todo su valor.

No pretendo tener todas las respuestas, pero sí tengo algunas certezas. No podemos permitirnos tener oportunidades cerradas mientras nuestra ciudad necesita abrir puertas. Me gustaría que Telde hablara más de estas cosas: de empleo, empresas, comercio, emprendimiento, formación, oportunidades para nuestros jóvenes, espacios para nuestros mayores y de cómo aprovechar mejor aquello que ya tenemos. Quiero imaginar que dentro de unos años dejaremos de hablar del edificio que una vez albergó unos multicines para hablar de un lugar donde nacieron proyectos, crecieron empresas, se formaron jóvenes, compartieron nuestros mayores y llegaron nuevas ideas. Y quiero dejar abierta una reflexión que iremos desarrollando: quizá llevamos demasiado tiempo contemplando por separado lugares y problemas que podrían formar parte de una misma solución. Estoy convencido de que Telde tiene recursos, talento y capacidad para volver a mirar hacia delante con confianza. Porque cuando una ciudad vuelve a creer en lo que puede hacer, recupera su autoestima; y cuando recupera su autoestima, vuelve a tener la ilusión y la fuerza necesarias para construir el futuro que merece.

José Luis Macías Alonso es Concejal y Portavoz de Nueva Canarias – Bloque Canarista en el M.I. Ayuntamiento de Telde y Secretario General de Nueva Canarias – Bloque Canarista Telde.

 

 


jueves, 20 de agosto de 2026

Nueva Canarias Telde se suma a la reivindicación sindical para esclarecer el accidente de Salinetas y reforzar la seguridad laboral


 

Nueva Canarias Bloque Canarista Telde se suma a la reivindicación sindical para esclarecer el accidente de Salinetas y reforzar la seguridad laboral

Nueva Canarias–Bloque Canarista (NC-BC) Telde se suma a las reivindicaciones promovidas por las organizaciones sindicales y sociales para exigir el esclarecimiento del accidente laboral ocurrido el pasado 5 de agosto en las instalaciones de DISA en Salinetas, en el que perdió la vida el trabajador teldense Nicomedes ‘Nico’ Rodríguez Vega y resultaron heridos otros tres operarios. La formación canarista considera fundamental que se conozcan las circunstancias del accidente, se determinen las responsabilidades que pudieran corresponder y se adopten todas las medidas necesarias para impedir que una tragedia similar vuelva a repetirse.

 

Los concejales de Nueva Canarias Bloque Canarista Telde, José Luis Macías y Servando González, junto al secretario de Comunicación de Nueva Canarias Telde, Ángel Rivero, acudieron a la concentración convocada por nueve organizaciones sindicales, obreras y sociales frente a las instalaciones de DISA. NC-BC quiso reconocer expresamente la iniciativa y la labor de las organizaciones sindicales, tanto en esta convocatoria como en la defensa diaria de los derechos, la salud y la seguridad de los trabajadores. “Hoy estamos aquí para respaldar una reivindicación que parte de los sindicatos y que consideramos justa y necesaria. Su labor es imprescindible para mantener la seguridad laboral en el centro del debate y para recordar que detrás de cada accidente hay trabajadores y familias, afirmó el portavoz de NC-BC Telde, José Luis Macías.

 

La formación comparte las principales demandas planteadas durante la concentración: conocer las medidas de prevención y protección existentes, aclarar las circunstancias del rescate de los trabajadores accidentados, determinar las condiciones en las que se desarrollaban las tareas y revisar los protocolos de seguridad y emergencia. “No corresponde anticipar conclusiones ni señalar culpables. Lo que sí debemos exigir es una investigación rigurosa, transparencia y respuestas. Si existieron fallos, deben conocerse, corregirse y depurarse las responsabilidades que correspondan”, señaló Macías.

 

NC-BC respalda igualmente la petición sindical de reforzar la prevención de riesgos laborales y dotar de mayores recursos humanos y materiales a la Inspección de Trabajo, especialmente en actividades industriales de especial peligrosidad. “La prevención no puede entenderse como un trámite ni como un coste. Estamos hablando de proteger la vida de las personas. Ningún trabajador debería poner en riesgo su vida para ganársela y todas las administraciones y empresas debemos asumir esa máxima como una obligación irrenunciable”, recalcó el portavoz canarista.

 

Finalmente, Nueva Canarias Telde trasladó un mensaje especialmente dirigido a la familia de Nico Rodríguez y a las familias de los trabajadores heridos, expresando su cercanía, ánimo y esperanza en estos momentos difíciles, así como su deseo de una pronta y completa recuperación de los afectados. “A la familia de Nico queremos trasladarle nuestro cariño, respeto y solidaridad; y a los trabajadores heridos y a sus familias, toda nuestra fuerza y esperanza para afrontar su recuperación. Telde no puede olvidar lo ocurrido. Debemos acompañar a quienes hoy sufren y trabajar juntos para que de esta tragedia salga un compromiso aún más firme con la seguridad y la vida. Ni una muerte más en el trabajo”, concluyó José Luis Macías.

Nueva Canarias Telde felicita al joven teldense Ariday Rodríguez, campeón mundial de Artes Marciales Mixtas

 

Nueva Canarias Telde felicita al joven teldense Ariday Rodríguez, campeón mundial de Artes Marciales Mixtas

Ganó sus cinco combates en la categoría Youth D de 40 kilos

Desde Nueva Canarias Telde queremos expresar nuestra más sincera felicitación a Ariday Rodríguez por proclamarse Campeón del Mundo Youth de la IMMAF (Federación Internacional de Artes Marciales Mixtas) en Abu Dabi. Este logro histórico en la categoría de 40 kg es el resultado de su impecable talento, sacrificio y del gran trabajo realizado junto a su equipo en The Fighter's Club.

A pesar de su corta edad (compite en la división oficial Youth D para deportistas entre 10 y 12 años), el joven ya cuenta con una amplia trayectoria y un brillante palmarés: Subcampeón en el European Kids IBJJF Jiu-Jitsu Championship, Campeón de Canarias de Jiu-Jitsu y Grappling, Medalla de bronce en el Campeonato de Europa Youth de la IMMAF (Belgrado, Serbia), y ahora Campeón del Mundo Youth IMMAF (Abu Dabi).

 

Desde Nueva Canarias Bloque Canarista Telde reiteramos nuestra Enhorabuena a Ariday y a su familia por llevar el nombre de Telde y de Canarias a lo más alto del podio internacional. ¡Muchos éxitos en tus próximos retos!


martes, 18 de agosto de 2026

Cuando las fronteras dejan de ser una línea en el mapa

 

Cuando las fronteras dejan de ser una línea en el mapa

Artículo de Diego Ojeda Ramos...

Hay imágenes que interpelan más que cualquier discurso. Un niño aferrado a un flotador frente al espigón de Ceuta. Una madre con el miedo dibujado en el rostro mientras sostiene a su hija entre los brazos. Un joven agotado tras caminar cientos de kilómetros con la esperanza de encontrar un lugar donde empezar de nuevo. Es imposible contemplar esas escenas sin sentir compasión. Antes que migrantes, son personas. Antes que cifras, son vidas.

 

Sin embargo, reducir lo que ocurre en Ceuta y, en menor medida, en Melilla a un simple fenómeno migratorio sería ignorar una parte esencial de la realidad. Lo que allí sucede no es únicamente un drama humanitario. Es también una cuestión geopolítica de enorme trascendencia, donde seres humanos extremadamente vulnerables terminan convertidos en piezas de un tablero internacional sobre el que ellos no tienen ningún control.

 

Las fronteras de Ceuta y Melilla son mucho más que una línea entre dos países. Son la frontera sur de España y, al mismo tiempo, la frontera sur de la Unión Europea. Lo que ocurre allí afecta a todo el continente. Por eso cada avalancha, cada relajación de los controles fronterizos o cada episodio de tensión diplomática tiene una lectura política que va mucho más allá de la inmigración.

 

En ese escenario aparece Marruecos como un actor imprescindible. Nadie puede negar la importancia de mantener una relación estable con un país vecino con el que compartimos historia, comercio y seguridad. La cooperación es necesaria y deseable. Pero esa cooperación también debe asentarse sobre el respeto mutuo y la lealtad institucional.

 

Resulta difícil comprender que un país que recibe importantes recursos económicos y apoyo por parte de España y de la Unión Europea para la gestión de sus fronteras permita, en determinados momentos, que miles de personas sean utilizadas como instrumento de presión política. Esa es, al menos, la percepción que dejan algunos episodios vividos durante los últimos años. Cuando una frontera se abre de manera repentina y miles de personas cruzan simultáneamente, cuesta creer que todo responda únicamente a la espontaneidad de la desesperación humana.

 

En mi opinión, ningún Estado democrático debería aceptar que el sufrimiento de personas vulnerables pueda convertirse en un mecanismo de negociación diplomática. Los seres humanos no pueden utilizarse como moneda de cambio.

 

A ello se suma un elemento que genera una preocupación constante en España: las reivindicaciones periódicas de soberanía sobre Ceuta, Melilla y Canarias. Son territorio español y europeo, con ciudadanos españoles que ejercen plenamente sus derechos democráticos. Cuestionar de manera recurrente esa realidad dificulta la construcción de una relación de confianza entre dos países llamados a entenderse.

 

Desde Canarias, además, existe otra preocupación que merece ser escuchada. Nuestro archipiélago se encuentra en una posición geográfica estratégica en el Atlántico y mantiene una relación histórica con la costa africana. Esa cercanía convierte cualquier movimiento geopolítico en un asunto de enorme importancia para nuestra economía y para nuestra seguridad.

 

Muchos canarios perciben con inquietud la presión migratoria que periódicamente se desplaza hacia la ruta atlántica, una de las más mortíferas del mundo. También observan cómo Marruecos impulsa el desarrollo de grandes infraestructuras portuarias y nuevos destinos turísticos que competirán con Canarias en mercados internacionales. Competir es legítimo. Toda economía aspira a crecer. Pero esa competencia debería producirse en condiciones de igualdad y nunca mediante estrategias que generen incertidumbre política o afecten a la estabilidad regional.

 

Canarias vive, en gran medida, del turismo. Decenas de miles de familias dependen directamente de esa actividad. También nuestros puertos representan una pieza estratégica para el comercio internacional y el abastecimiento del archipiélago. Cualquier alteración de esos equilibrios tiene consecuencias sobre el empleo, la inversión y el bienestar de nuestra tierra.

 

Frente a este escenario, España y la Unión Europea no pueden responder con dudas. Deben ejercer plenamente su soberanía política, jurídica y económica. Defender sus fronteras, exigir el cumplimiento de los acuerdos internacionales, garantizar el respeto a su integridad territorial y no aceptar presiones que pretendan condicionar sus decisiones soberanas. La cooperación con Marruecos debe mantenerse, pero siempre desde la reciprocidad, el respeto y la firmeza. La buena vecindad nunca puede confundirse con la renuncia a los propios intereses ni con la aceptación de mecanismos de presión.

 

Pero esa firmeza no debe hacernos perder la humanidad. El Estado de derecho también se mide por la manera en que trata a quienes llegan a sus fronteras en busca de protección. España y Europa tienen la obligación de identificar a quienes huyen de guerras, persecuciones o situaciones extremas de violencia y ofrecerles la protección internacional que establecen nuestras leyes y los tratados internacionales. Del mismo modo, quienes no reúnan los requisitos para permanecer deberán ser retornados a sus países de origen con todas las garantías jurídicas, el respeto a los derechos humanos y conforme a la legislación vigente. Una política migratoria seria no puede construirse ni sobre las fronteras abiertas sin control ni sobre el rechazo indiscriminado. Debe combinar legalidad, humanidad y responsabilidad.

 

Nada de ello debe hacernos olvidar lo esencial. Quienes llegan en patera o arriesgan su vida cruzando una frontera no son enemigos. Son personas que huyen de guerras, persecuciones, pobreza extrema o de la ausencia absoluta de oportunidades. Muchos proceden de países del África subsahariana donde la violencia, el hambre o el cambio climático han convertido la supervivencia en un desafío cotidiano. Otros necesitan protección internacional porque regresar supondría poner en riesgo su vida.

 

Combatir a las mafias que trafican con personas, perseguir la explotación de mujeres y menores, invertir en desarrollo en los países de origen y exigir a los Estados vecinos el cumplimiento de los acuerdos internacionales son objetivos compatibles con la defensa de los derechos humanos.

 

La peor respuesta sería caer en los extremos. Ni convertir el sufrimiento humano en un arma electoral, ni ignorar las implicaciones geopolíticas de lo que sucede. Ni cerrar los ojos ante el dolor de quienes llegan, ni aceptar con resignación que existan gobiernos que puedan utilizar ese dolor para obtener ventajas políticas.

 

Ceuta, Melilla y Canarias nos recuerdan que las fronteras no son únicamente espacios físicos. Son lugares donde se encuentran la dignidad humana, la soberanía de los Estados, la cooperación internacional y los intereses estratégicos. Gobernar esa complejidad exige inteligencia, firmeza y humanidad a partes iguales.

 

Porque la verdadera fortaleza de una democracia no consiste únicamente en proteger sus fronteras. Consiste, sobre todo, en ser capaz de defenderlas sin renunciar jamás a la dignidad de las personas que llaman a sus puertas.

Diego Fernando Ojeda Ramos, fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.


domingo, 16 de agosto de 2026

Cuando llegar no significa estar a salvo.


 

Cuando llegar no significa estar a salvo.

Hay imágenes que deberían interpelarnos más allá de cualquier debate político. Una niña que llega sola a la frontera sur de Europa es una de ellas.

Antes de preguntarnos de dónde viene, cuánto tiempo permanecerá aquí o qué Administración debe hacerse cargo de ella, deberíamos formular una pregunta mucho más sencilla: ¿qué necesita esta niña para estar a salvo?

Lo ocurrido este verano en Ceuta nos obliga a mirar de frente una realidad que no puede reducirse a la gestión de los flujos migratorios. Cuando hablamos de niñas hablamos de infancia, de derechos fundamentales y de protección frente a la violencia. Pero hablamos también de género.

La experiencia migratoria no es neutra. Ser niña, estar sola, carecer de referentes familiares y encontrarse en situación de vulnerabilidad puede incrementar el riesgo de sufrir violencia sexual, trata, explotación, desaparición u otras formas de violencia contra las mujeres y las niñas.

Aplicar una perspectiva de género no es una opción ideológica cuando hablamos de protección de la infancia. Es una exigencia jurídica.

Los hechos conocidos en Ceuta son especialmente graves. Varias menores migrantes no acompañadas han denunciado agresiones sexuales tras su llegada a la ciudad y los órganos judiciales investigan algunos de estos hechos. Detrás de estas cifras hay niñas con nombre, historia y derechos.

Y hay algo que no deberíamos olvidar: una niña no deja de ser niña porque haya cruzado una frontera de manera irregular.

El Derecho tampoco puede desaparecer en la frontera.

La respuesta del Estado ante una situación migratoria extraordinaria debe estar sometida a la Constitución, a los tratados internacionales de derechos humanos y a la normativa de protección de la infancia. El interés superior del menor no es una declaración retórica. Es un principio jurídico que debe orientar cualquier decisión que afecte a una niña o a un niño.

Una menor no puede ser tratada como una cifra, un expediente administrativo o un problema de gestión. Es sujeto de derechos.

Y esa condición obliga a las instituciones: a identificarla, escucharla, conocer sus circunstancias, detectar posibles situaciones de trata o explotación y garantizar asistencia jurídica, sanitaria y psicológica adecuada.

Porque existe una diferencia esencial entre acoger a una niña y protegerla.

La protección no consiste únicamente en disponer de una plaza. Consiste en garantizar que sea un espacio seguro, adecuado a sus necesidades y capaz de responder a los riesgos específicos derivados de su condición de niña.

Canarias tampoco es ajena a esta realidad.

Las investigaciones conocidas recientemente sobre redes relacionadas con menores migrantes, junto con las situaciones de riesgo y desapariciones que afectan a niñas acogidas en recursos de protección, deberían obligarnos a revisar nuestra idea de lo que significa estar a salvo.

Llegar a tierra firme no significa necesariamente haber llegado a un lugar seguro.

Las redes de trata no siempre necesitan cadenas ni violencia visible. También utilizan la soledad, el miedo, el engaño, la dependencia o la promesa de una vida mejor. Una niña que no tiene dónde dormir, a quién acudir o quién la proteja puede convertirse en un objetivo especialmente vulnerable.

Por eso, la mejor política contra la trata comienza antes de que aparezca la explotación: comienza con la protección.

Y proteger exige profesionales formados, protocolos eficaces, coordinación entre Administraciones y capacidad para detectar tempranamente indicios de violencia, trata y explotación sexual.

También exige comprender que el silencio puede ser una forma de supervivencia.

Una niña que ha sufrido una agresión puede no denunciar inmediatamente. Puede sentir miedo, vergüenza o desconfianza. Puede no conocer sus derechos o incluso proteger a quien la está dañando. Por eso, la ausencia de una denuncia inmediata no puede confundirse con la ausencia de violencia.

La justicia con perspectiva de género exige comprender estos mecanismos y evitar que los estereotipos sobre cómo debe comportarse una víctima condicionen su protección.

En este sentido, la respuesta judicial frente a los casos investigados en Ceuta demuestra también que la protección de las víctimas y la investigación de los delitos deben avanzar juntas. Las medidas dirigidas a evitar la revictimización de las menores son esenciales para garantizar una justicia verdaderamente protectora.

Pero tampoco podemos abordar estos hechos desde una lógica de criminalización colectiva.

Quien comete una agresión sexual debe responder ante la justicia. Quien trata o explota a una menor debe responder ante la justicia. Y una niña migrante, cualquiera que sea su nacionalidad o situación administrativa, debe ser protegida por el Estado.

Una cosa no excluye la otra.

Las fronteras son necesarias para cualquier Estado, pero tienen límites jurídicos. El Estado puede controlar sus fronteras; no puede suspender los derechos fundamentales de quienes se encuentran bajo su jurisdicción.

Y cuando quienes llegan son niñas solas, la obligación de protección se intensifica.

Quizá este sea el verdadero debate que deberíamos mantener. No si debemos elegir entre seguridad y humanidad, sino qué entendemos realmente por seguridad.

Una sociedad segura no es aquella en la que una niña consigue atravesar una frontera y después queda expuesta a nuevos riesgos.

Una sociedad segura es aquella en la que puede dormir protegida, recibir asistencia jurídica, acceder a atención sanitaria y psicológica, ser escuchada y contar con profesionales capaces de detectar si detrás de su silencio existe una historia de violencia o explotación.

Una sociedad segura es aquella en la que las instituciones llegan antes que las redes; la protección antes que la explotación y la prevención antes que el daño.

Ceuta y Canarias nos están colocando ante una obligación que no podemos eludir.

No basta con gestionar llegadas. Hay que proteger personas.

No basta con contabilizar menores. Hay que escuchar niñas.

No basta con abrir recursos. Hay que garantizar espacios seguros.

Y no basta con proclamar derechos. Hay que hacerlos efectivos.

Cuando una niña llega sola a nuestras fronteras, la pregunta no debería ser únicamente qué hacemos con ella. La pregunta debería ser qué estamos obligados a hacer por ella.

La respuesta está en el Derecho, en la protección de la infancia, en la igualdad y en la prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas.

Una niña no tiene que demostrar que merece ser protegida.

Es el Estado quien tiene que demostrar que sabe protegerla.

Porque la frontera no termina cuando una persona pisa tierra firme. La verdadera prueba comienza después: cuando tenemos delante a una niña vulnerable y debemos decidir si nuestras instituciones serán capaces de verla, escucharla y protegerla.

Ser niña en la frontera sur no debería significar estar más cerca de la explotación que de la protección.

Protegerlas no es caridad. No es una opción política.

Es una obligación jurídica. Y también una obligación humana.

 

Palmira Déniz Verona es secretaria de Igualdad, Feminismo y Diversidad de Nueva Canarias Telde.

Cuando se acaban los argumentos

  Cuando se acaban los argumentos Hay una vieja máxima no escrita en la política: cuando escasean los argumentos, aparece el ataque person...