EL
PALACIO DE LA CULTURA Y LAS ARTES: LA GRAN DEUDA PENDIENTE DE TELDE.
Telde
no necesita otra opinión sobre el Palacio de la Cultura y las Artes. Necesita una decisión.
Han pasado más de veinticinco años desde que, el 1 de marzo del año 2000, se
colocara su primera piedra para levantar un espacio concebido para grandes
actividades culturales, musicales y de artes escénicas, con un teatro para
1.600 espectadores y unas posibilidades escénicas singulares en Canarias. Desde
entonces hemos conocido avances, paralizaciones, cambios de criterio y
demasiadas promesas sin cumplir. El resultado lo conocemos todos: un edificio
inacabado en pleno corazón de nuestra ciudad que casi hemos incorporado con
resignación al paisaje. No podemos permitirnos otros veinticinco años
esperando. Terminarlo,
dotarlo y ponerlo en funcionamiento debe ser una prioridad. No se entendería
una apuesta seria por el desarrollo económico, social, comercial, cultural e
industrial de Telde y de Gran Canaria mientras una infraestructura de esta
dimensión continúa sin terminar. Resolverla es cerrar una deuda del pasado,
pero, sobre todo, invertir en nuestro futuro.
Hace
mucho tiempo que esta situación me preocupa. He hablado de ella con vecinos,
comerciantes, profesionales, personas vinculadas a la cultura y muchos
teldenses que han visto pasar los años preguntándose cómo no hemos sido capaces
de resolverla. He escuchado cansancio, decepción y esa frase que tantos hemos
pronunciado alguna vez: «Eso
no se terminará nunca». Entiendo la desconfianza, pero no comparto
la resignación. Tampoco creo que dedicar otros veinticinco años a discutir
quién tuvo más o menos culpa vaya a solucionar nada. Nuestra responsabilidad ahora es
aprender de lo ocurrido, escuchar, tomar decisiones y tener la determinación de
llevarlas hasta el final. Y hay algo que no debemos olvidar:
este Palacio no fue pensado como un teatro municipal más. Su escenario móvil
fue proyectado como el mayor de Canarias y su foso de orquesta podía ampliarse
mediante un sistema elevable, características concebidas para albergar grandes
formatos que otros recintos de las islas difícilmente pueden acoger. Existe,
por tanto, una oportunidad que Canarias todavía necesita cubrir y que Telde
puede aprovechar.
Terminar
el Palacio significa poner en funcionamiento una infraestructura capaz de
generar cultura, actividad económica, empleo, comercio y oportunidades. Imagino
sus puertas abiertas, grandes producciones sobre su escenario, oportunidades
para nuestros artistas y jóvenes y público llegando desde distintos puntos de
Canarias; y, alrededor, calles con más vida, comercios, restaurantes,
cafeterías, profesionales y empresas beneficiándose de esa actividad. Esta apuesta
debe caminar junto al necesario impulso de nuestros polígonos y zonas
industriales y comerciales: El
Goro, Salinetas, Las Rubiesas, Jinámar, Cruz de la Gallina, Bocabarranco, Las
Huesas y tantos otros espacios que generan empleo y riqueza. No
son realidades separadas. Una ciudad que quiere atraer inversión, fortalecer
sus empresas y crear oportunidades necesita también cultura, formación,
comercio, espacios de encuentro y calidad de vida. Telde necesita fortalecer sus motores
económicos y recuperar, al mismo tiempo, el corazón de la ciudad. Y culminar
una infraestructura con estas características situará a Telde en una posición
de vanguardia y referencia en el mundo cultural, musical y de las artes
escénicas de toda Canarias.
Pero
para conseguirlo hacen falta hechos. Quien
aspire a ser el próximo alcalde o alcaldesa de Telde no puede seguir mirando de
reojo, y mucho menos dando la espalda, a esta realidad. Hay que
afrontarla distinguiendo dos cuestiones: una cosa es culminar la ejecución
material del Palacio y otra decidir cuál es el mejor uso que podemos darle.
Debemos conocer qué queda por ejecutar, cuánto cuesta, cómo financiarlo y en
qué plazos hacerlo; y, paralelamente, encargar un estudio de viabilidad, usos y gestión
que permita optimizar cada espacio y conseguir que el Palacio sea útil,
sostenible y permanezca lleno de vida. Además, un equipamiento de esta
dimensión no puede entenderse exclusivamente desde Telde. Así se concibió desde el principio: el
Gobierno de Canarias aportó 1.500 millones de pesetas y el Cabildo de Gran
Canaria otros 500 millones, más la aportación municipal, que fue menor,
precisamente porque se entendió como un equipamiento cultural de primer orden
para toda Canarias. Por eso debe incorporarse a la
planificación y gestión de los grandes equipamientos culturales del
Archipiélago, con la implicación del Gobierno
de Canarias, el Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Telde.
El Palacio debe dejar de pertenecer a gobiernos, siglas o mandatos para
convertirse definitivamente en un
proyecto de Telde y de Canarias. Un proyecto que se estudie, se planifique,
avance y se termine.
No
voy a decir que será fácil ni voy a prometer soluciones mágicas. Después de más
de veinticinco años sería poco serio hacerlo. Lo que sí puedo comprometer es mi forma de afrontar este
reto: mirarlo de frente, escuchar, rodearme de buenos profesionales, buscar
acuerdos, implicar a las administraciones, conseguir los recursos necesarios y
trabajar desde el primer día con humildad y determinación.
Quiero que llegue el momento en que dejemos de señalar el Palacio para explicar
a nuestros hijos lo que Telde no fue capaz de terminar y podamos señalarlo con
orgullo para contarles lo que conseguimos juntos. Tenemos la oportunidad de
transformar una deuda de más de veinticinco años en uno de los grandes referentes
culturales, musicales y artísticos de Canarias y, con ello, situar a Telde en
el lugar que por historia, dimensión y capacidad le corresponde. Porque la
confianza no se pide: se gana cumpliendo. Y estoy convencido de que llegará el
día en que las puertas del Palacio de la Cultura y las Artes se abran y Telde
pueda decir, con confianza, esperanza y orgullo: lo conseguimos.
José
Luis Macías Alonso es Concejal-Portavoz de Nueva Canarias – Bloque Canarista en
el M.I. Ayuntamiento de Telde y Secretario General de Nueva Canarias – Bloque
Canarista Telde.






