El verdadero motor de las conquistas
colectivas
Artículo de
Diego Ojeda Ramos.
Hay pueblos
que construyen su historia desde los despachos. Otros, en cambio, la escriben desde las plazas, las sedes
vecinales, los locales sociales, las canchas deportivas o las pequeñas
asociaciones culturales donde un grupo de personas decide que resignarse nunca
será una opción. Canarias, y particularmente Telde, pertenece a esta segunda
categoría.
Las grandes
transformaciones sociales rara vez nacen por iniciativa de quienes ostentan el
poder. Casi siempre llegan precedidas por el esfuerzo silencioso de una
ciudadanía organizada que decide convertir la indignación en compromiso y las
necesidades en reivindicaciones. La sociedad civil organizada ha sido, y
continúa siendo, el principal instrumento para conquistar derechos, mejorar las
condiciones de vida y fortalecer la democracia desde abajo.
Las
asociaciones vecinales, culturales, deportivas, juveniles, medioambientales o
de mayores representan mucho más que un conjunto de personas reunidas bajo unos
estatutos. Son escuelas de ciudadanía. Espacios donde se aprende que la
política no empieza ni termina el día de las elecciones, sino que se ejerce
cotidianamente defendiendo el interés común.
Nuestra
ciudad conoce bien esa realidad. Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que
muchos barrios de Telde carecían de servicios tan elementales como el agua
potable o el saneamiento. Fueron las asociaciones vecinales quienes,
enfrentándose a la indiferencia de unas instituciones herederas de décadas de
oscuridad y ausencia de libertades, lograron organizar a la población para
exigir aquello que hoy consideramos derechos básicos. Lo que hoy parece normal
fue ayer fruto de una lucha colectiva, paciente y perseverante.
Con la
recuperación de la democracia, aquella ciudadanía comprometida comprendió que
también era necesario ocupar las instituciones para ponerlas al servicio de la
mayoría social. Muchos hombres y mujeres dieron entonces un paso al frente,
incorporándose a partidos alejados del franquismo y de todas sus
ramificaciones. Otros encontraron en el nacionalismo canario un instrumento
político coherente con la defensa de la identidad, el territorio y la justicia
social. Experiencias como Asamblea de
Vecinos en Telde demostraron que era posible trasladar la fuerza del
movimiento vecinal a las instituciones sin perder el vínculo con la calle.
Esa
tradición sigue plenamente vigente. Porque la democracia no se agota en el
voto. Una democracia sana necesita una sociedad civil fuerte, crítica,
independiente y organizada. Cuando las instituciones fallan o se alejan de la
ciudadanía, son las asociaciones quienes vuelven a ocupar el espacio del
compromiso colectivo, recordándonos que la participación continúa siendo la
mejor herramienta para transformar la realidad.
En ese
camino ocupa un lugar destacado la Asociación de Vecinos MECLASA. Tres décadas después de su nacimiento continúa siendo el
corazón social de Melenara, Clavellinas y Salinetas. Treinta y un años
construyendo comunidad, fortaleciendo vínculos entre generaciones, defendiendo
la costa de Telde y recordando que el barrio no es únicamente un lugar donde
vivir, sino una comunidad a la que cuidar.
Su XXXI
aniversario no constituye únicamente una celebración. Es un homenaje a todas las
personas que, de manera desinteresada, dedican parte de su vida al bien común.
A quienes entienden que el progreso no consiste solo en levantar edificios,
sino también en construir convivencia, solidaridad y pertenencia.
Hoy, igual
que ayer, la ciudadanía vuelve a encontrarse con demasiada frecuencia ante el
abandono de la institución más cercana. Y, una vez más, son los vecinos y
vecinas quienes asumen responsabilidades que nunca debieron recaer únicamente
sobre sus hombros. Lo hacen sin buscar protagonismo, convencidos de que un
barrio organizado siempre será más fuerte que cualquier etapa de desidia
institucional.
El acto
celebrado este sábado ha vuelto a recordarnos una verdad sencilla, pero
profundamente democrática: que cada asociación, cada colectivo y cada persona
comprometida constituye una pieza imprescindible en la construcción de una
sociedad más justa, más cohesionada y más humana.
Porque la
historia de Telde nunca la escribieron únicamente quienes gobernaron. También
la escribieron quienes decidieron organizarse para cambiarla.
Felicidades
a MECLASA y a todos los vecinos y
vecinas que, durante estos treinta y un años, han demostrado que la mejor
política nace siempre del compromiso con la comunidad.
Diego Fernando Ojeda Ramos, fue concejal del Ayuntamiento de
Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía
Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.








