domingo, 16 de agosto de 2026

Cuando llegar no significa estar a salvo.


 

Cuando llegar no significa estar a salvo.

Hay imágenes que deberían interpelarnos más allá de cualquier debate político. Una niña que llega sola a la frontera sur de Europa es una de ellas.

Antes de preguntarnos de dónde viene, cuánto tiempo permanecerá aquí o qué Administración debe hacerse cargo de ella, deberíamos formular una pregunta mucho más sencilla: ¿qué necesita esta niña para estar a salvo?

Lo ocurrido este verano en Ceuta nos obliga a mirar de frente una realidad que no puede reducirse a la gestión de los flujos migratorios. Cuando hablamos de niñas hablamos de infancia, de derechos fundamentales y de protección frente a la violencia. Pero hablamos también de género.

La experiencia migratoria no es neutra. Ser niña, estar sola, carecer de referentes familiares y encontrarse en situación de vulnerabilidad puede incrementar el riesgo de sufrir violencia sexual, trata, explotación, desaparición u otras formas de violencia contra las mujeres y las niñas.

Aplicar una perspectiva de género no es una opción ideológica cuando hablamos de protección de la infancia. Es una exigencia jurídica.

Los hechos conocidos en Ceuta son especialmente graves. Varias menores migrantes no acompañadas han denunciado agresiones sexuales tras su llegada a la ciudad y los órganos judiciales investigan algunos de estos hechos. Detrás de estas cifras hay niñas con nombre, historia y derechos.

Y hay algo que no deberíamos olvidar: una niña no deja de ser niña porque haya cruzado una frontera de manera irregular.

El Derecho tampoco puede desaparecer en la frontera.

La respuesta del Estado ante una situación migratoria extraordinaria debe estar sometida a la Constitución, a los tratados internacionales de derechos humanos y a la normativa de protección de la infancia. El interés superior del menor no es una declaración retórica. Es un principio jurídico que debe orientar cualquier decisión que afecte a una niña o a un niño.

Una menor no puede ser tratada como una cifra, un expediente administrativo o un problema de gestión. Es sujeto de derechos.

Y esa condición obliga a las instituciones: a identificarla, escucharla, conocer sus circunstancias, detectar posibles situaciones de trata o explotación y garantizar asistencia jurídica, sanitaria y psicológica adecuada.

Porque existe una diferencia esencial entre acoger a una niña y protegerla.

La protección no consiste únicamente en disponer de una plaza. Consiste en garantizar que sea un espacio seguro, adecuado a sus necesidades y capaz de responder a los riesgos específicos derivados de su condición de niña.

Canarias tampoco es ajena a esta realidad.

Las investigaciones conocidas recientemente sobre redes relacionadas con menores migrantes, junto con las situaciones de riesgo y desapariciones que afectan a niñas acogidas en recursos de protección, deberían obligarnos a revisar nuestra idea de lo que significa estar a salvo.

Llegar a tierra firme no significa necesariamente haber llegado a un lugar seguro.

Las redes de trata no siempre necesitan cadenas ni violencia visible. También utilizan la soledad, el miedo, el engaño, la dependencia o la promesa de una vida mejor. Una niña que no tiene dónde dormir, a quién acudir o quién la proteja puede convertirse en un objetivo especialmente vulnerable.

Por eso, la mejor política contra la trata comienza antes de que aparezca la explotación: comienza con la protección.

Y proteger exige profesionales formados, protocolos eficaces, coordinación entre Administraciones y capacidad para detectar tempranamente indicios de violencia, trata y explotación sexual.

También exige comprender que el silencio puede ser una forma de supervivencia.

Una niña que ha sufrido una agresión puede no denunciar inmediatamente. Puede sentir miedo, vergüenza o desconfianza. Puede no conocer sus derechos o incluso proteger a quien la está dañando. Por eso, la ausencia de una denuncia inmediata no puede confundirse con la ausencia de violencia.

La justicia con perspectiva de género exige comprender estos mecanismos y evitar que los estereotipos sobre cómo debe comportarse una víctima condicionen su protección.

En este sentido, la respuesta judicial frente a los casos investigados en Ceuta demuestra también que la protección de las víctimas y la investigación de los delitos deben avanzar juntas. Las medidas dirigidas a evitar la revictimización de las menores son esenciales para garantizar una justicia verdaderamente protectora.

Pero tampoco podemos abordar estos hechos desde una lógica de criminalización colectiva.

Quien comete una agresión sexual debe responder ante la justicia. Quien trata o explota a una menor debe responder ante la justicia. Y una niña migrante, cualquiera que sea su nacionalidad o situación administrativa, debe ser protegida por el Estado.

Una cosa no excluye la otra.

Las fronteras son necesarias para cualquier Estado, pero tienen límites jurídicos. El Estado puede controlar sus fronteras; no puede suspender los derechos fundamentales de quienes se encuentran bajo su jurisdicción.

Y cuando quienes llegan son niñas solas, la obligación de protección se intensifica.

Quizá este sea el verdadero debate que deberíamos mantener. No si debemos elegir entre seguridad y humanidad, sino qué entendemos realmente por seguridad.

Una sociedad segura no es aquella en la que una niña consigue atravesar una frontera y después queda expuesta a nuevos riesgos.

Una sociedad segura es aquella en la que puede dormir protegida, recibir asistencia jurídica, acceder a atención sanitaria y psicológica, ser escuchada y contar con profesionales capaces de detectar si detrás de su silencio existe una historia de violencia o explotación.

Una sociedad segura es aquella en la que las instituciones llegan antes que las redes; la protección antes que la explotación y la prevención antes que el daño.

Ceuta y Canarias nos están colocando ante una obligación que no podemos eludir.

No basta con gestionar llegadas. Hay que proteger personas.

No basta con contabilizar menores. Hay que escuchar niñas.

No basta con abrir recursos. Hay que garantizar espacios seguros.

Y no basta con proclamar derechos. Hay que hacerlos efectivos.

Cuando una niña llega sola a nuestras fronteras, la pregunta no debería ser únicamente qué hacemos con ella. La pregunta debería ser qué estamos obligados a hacer por ella.

La respuesta está en el Derecho, en la protección de la infancia, en la igualdad y en la prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas.

Una niña no tiene que demostrar que merece ser protegida.

Es el Estado quien tiene que demostrar que sabe protegerla.

Porque la frontera no termina cuando una persona pisa tierra firme. La verdadera prueba comienza después: cuando tenemos delante a una niña vulnerable y debemos decidir si nuestras instituciones serán capaces de verla, escucharla y protegerla.

Ser niña en la frontera sur no debería significar estar más cerca de la explotación que de la protección.

Protegerlas no es caridad. No es una opción política.

Es una obligación jurídica. Y también una obligación humana.

 

Palmira Déniz Verona es secretaria de Igualdad, Feminismo y Diversidad de Nueva Canarias Telde.

sábado, 15 de agosto de 2026

Nueva Canarias Telde celebra la recepción de Piletillas tras años de trabajo y reivindicación vecinal

 


Nueva Canarias Telde celebra la recepción de Piletillas tras años de trabajo y reivindicación vecinal

 

José Luis Macías destaca el papel fundamental de la AAVV Eolo y la constancia y tenacidad de sus presidentes, Enrique Muñoz y Manuel Gutiérrez, para lograr culminar un expediente iniciado en 2020.

 

Nueva Canarias Telde celebra la recepción definitiva de la urbanización de Piletillas por parte del M.I. Ayuntamiento de Telde, poniendo fin a un largo y complejo proceso administrativo y abriendo una nueva etapa para dar respuesta a las demandas históricas del barrio.

Su portavoz, José Luis Macías, considera que el acuerdo unánime de la Junta de Gobierno Local supone “una magnífica noticia para Piletillas y para Telde, porque permite cerrar una situación administrativa que se había prolongado durante demasiados años y que ahora debe dar paso a mejoras concretas para el barrio”.

 

Un complejo expediente iniciado en 2020:

Nueva Canarias Telde recuerda que el expediente se abrió en 2020 y que su resolución ha requerido durante estos años la participación directa y coordinada de numerosas concejalías, departamentos y servicios municipales, especialmente de Urbanismo, Patrimonio y Asesoría Jurídica.

A la propia complejidad del procedimiento se añadieron múltiples trámites y dificultades: gestiones notariales, localización de propietarios y titulares, recopilación de antecedentes, documentación e informes, además de cuestiones jurídicas, patrimoniales y urbanísticas que debían quedar resueltas para culminar la recepción con todas las garantías.

Todo ello se ha desarrollado, además, en unas circunstancias de importantes dificultades de medios y recursos para la institución municipal.

“Han sido años de un trabajo jurídico y administrativo intenso y muchas veces invisible. Por eso es de justicia reconocer expresamente la labor de los técnicos, juristas y empleados públicos municipales que han contribuido a sacar adelante un expediente extraordinariamente complejo”, señala Macías.

 

La constancia de la AAVV Eolo, clave para llegar hasta aquí:

Nueva Canarias Telde destaca especialmente la incansable labor de la Asociación de Vecinos Eolo y la perseverancia mantenida durante años para conseguir que la recepción de Piletillas se hiciera realidad.

Macías reconoce de manera particular el papel desempeñado por Enrique Muñoz, primero, y Manuel Gutiérrez, actualmente, al frente de la asociación vecinal, cuya constancia y tenacidad han resultado fundamentales para mantener viva esta reivindicación.

“Piletillas ha llegado hasta aquí porque sus vecinos no desistieron. Enrique Muñoz y Manuel Gutiérrez han sido persistentes, han llamado a todas las puertas que ha sido necesario y han defendido siempre los intereses de su barrio. Este logro también les pertenece a ellos y, sobre todo, al conjunto de vecinos y vecinas de Piletillas”, afirma José Luis Macías.

 

Ahora toca atender las demandas históricas del barrio:

Para Nueva Canarias Telde, la recepción municipal no debe ser el punto final, sino el comienzo de una nueva etapa que permita abordar progresivamente las necesidades pendientes de Piletillas.

Entre ellas, NC señala el soterramiento del cableado de telecomunicaciones, mediante las canalizaciones y ajustes de trazado necesarios; la reparación de aceras y pasos peatonales; la colocación de elementos biosaludables y, especialmente, retomar los trabajos de la red de saneamiento, pendientes desde 2009, además de otras intervenciones necesarias en la urbanización.

“La recepción tiene que traducirse ahora en hechos. Hay demandas que llevan demasiados años esperando y debemos trabajar para planificarlas, buscar los recursos necesarios y darles respuesta progresivamente”, sostiene el portavoz de NC Telde.

 

“Hoy toca alegrarse con Piletillas”:

Nueva Canarias Telde considera que la culminación del expediente debe entenderse como el resultado de años de trabajo municipal y perseverancia vecinal, por encima de cualquier intento de apropiación política de un procedimiento desarrollado durante distintas etapas.

“Hoy toca alegrarse con Piletillas y reconocer a quienes lo han hecho posible: a sus vecinos, a la AAVV Eolo, a Enrique Muñoz y Manuel Gutiérrez y al personal municipal que durante estos años ha trabajado para superar las numerosas dificultades del expediente”, afirma Macías.

Nueva Canarias Telde reitera finalmente su compromiso con el barrio y queda a disposición de la AAVV Eolo y de todos los vecinos y vecinas de Piletillas para colaborar en cuanto sea necesario en esta nueva etapa.

“Se cierra un capítulo importante, pero comienza otro aún más importante: conseguir que esta recepción se traduzca en mejoras reales en la calidad de vida de Piletillas. Para ese camino, sus vecinos saben que pueden seguir contando con Nueva Canarias Telde”, concluye José Luis Macías.


viernes, 14 de agosto de 2026

El Palacio de la Cultura y las Artes: La gran deuda pendiente de Telde.

 


EL PALACIO DE LA CULTURA Y LAS ARTES: LA GRAN DEUDA PENDIENTE DE TELDE.

Telde no necesita otra opinión sobre el Palacio de la Cultura y las Artes. Necesita una decisión. Han pasado más de veinticinco años desde que, el 1 de marzo del año 2000, se colocara su primera piedra para levantar un espacio concebido para grandes actividades culturales, musicales y de artes escénicas, con un teatro para 1.600 espectadores y unas posibilidades escénicas singulares en Canarias. Desde entonces hemos conocido avances, paralizaciones, cambios de criterio y demasiadas promesas sin cumplir. El resultado lo conocemos todos: un edificio inacabado en pleno corazón de nuestra ciudad que casi hemos incorporado con resignación al paisaje. No podemos permitirnos otros veinticinco años esperando. Terminarlo, dotarlo y ponerlo en funcionamiento debe ser una prioridad. No se entendería una apuesta seria por el desarrollo económico, social, comercial, cultural e industrial de Telde y de Gran Canaria mientras una infraestructura de esta dimensión continúa sin terminar. Resolverla es cerrar una deuda del pasado, pero, sobre todo, invertir en nuestro futuro.

Hace mucho tiempo que esta situación me preocupa. He hablado de ella con vecinos, comerciantes, profesionales, personas vinculadas a la cultura y muchos teldenses que han visto pasar los años preguntándose cómo no hemos sido capaces de resolverla. He escuchado cansancio, decepción y esa frase que tantos hemos pronunciado alguna vez: «Eso no se terminará nunca». Entiendo la desconfianza, pero no comparto la resignación. Tampoco creo que dedicar otros veinticinco años a discutir quién tuvo más o menos culpa vaya a solucionar nada. Nuestra responsabilidad ahora es aprender de lo ocurrido, escuchar, tomar decisiones y tener la determinación de llevarlas hasta el final. Y hay algo que no debemos olvidar: este Palacio no fue pensado como un teatro municipal más. Su escenario móvil fue proyectado como el mayor de Canarias y su foso de orquesta podía ampliarse mediante un sistema elevable, características concebidas para albergar grandes formatos que otros recintos de las islas difícilmente pueden acoger. Existe, por tanto, una oportunidad que Canarias todavía necesita cubrir y que Telde puede aprovechar.

Terminar el Palacio significa poner en funcionamiento una infraestructura capaz de generar cultura, actividad económica, empleo, comercio y oportunidades. Imagino sus puertas abiertas, grandes producciones sobre su escenario, oportunidades para nuestros artistas y jóvenes y público llegando desde distintos puntos de Canarias; y, alrededor, calles con más vida, comercios, restaurantes, cafeterías, profesionales y empresas beneficiándose de esa actividad. Esta apuesta debe caminar junto al necesario impulso de nuestros polígonos y zonas industriales y comerciales: El Goro, Salinetas, Las Rubiesas, Jinámar, Cruz de la Gallina, Bocabarranco, Las Huesas y tantos otros espacios que generan empleo y riqueza. No son realidades separadas. Una ciudad que quiere atraer inversión, fortalecer sus empresas y crear oportunidades necesita también cultura, formación, comercio, espacios de encuentro y calidad de vida. Telde necesita fortalecer sus motores económicos y recuperar, al mismo tiempo, el corazón de la ciudad. Y culminar una infraestructura con estas características situará a Telde en una posición de vanguardia y referencia en el mundo cultural, musical y de las artes escénicas de toda Canarias.

Pero para conseguirlo hacen falta hechos. Quien aspire a ser el próximo alcalde o alcaldesa de Telde no puede seguir mirando de reojo, y mucho menos dando la espalda, a esta realidad. Hay que afrontarla distinguiendo dos cuestiones: una cosa es culminar la ejecución material del Palacio y otra decidir cuál es el mejor uso que podemos darle. Debemos conocer qué queda por ejecutar, cuánto cuesta, cómo financiarlo y en qué plazos hacerlo; y, paralelamente, encargar un estudio de viabilidad, usos y gestión que permita optimizar cada espacio y conseguir que el Palacio sea útil, sostenible y permanezca lleno de vida. Además, un equipamiento de esta dimensión no puede entenderse exclusivamente desde Telde. Así se concibió desde el principio: el Gobierno de Canarias aportó 1.500 millones de pesetas y el Cabildo de Gran Canaria otros 500 millones, más la aportación municipal, que fue menor, precisamente porque se entendió como un equipamiento cultural de primer orden para toda Canarias. Por eso debe incorporarse a la planificación y gestión de los grandes equipamientos culturales del Archipiélago, con la implicación del Gobierno de Canarias, el Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Telde. El Palacio debe dejar de pertenecer a gobiernos, siglas o mandatos para convertirse definitivamente en un proyecto de Telde y de Canarias. Un proyecto que se estudie, se planifique, avance y se termine.

No voy a decir que será fácil ni voy a prometer soluciones mágicas. Después de más de veinticinco años sería poco serio hacerlo. Lo que sí puedo comprometer es mi forma de afrontar este reto: mirarlo de frente, escuchar, rodearme de buenos profesionales, buscar acuerdos, implicar a las administraciones, conseguir los recursos necesarios y trabajar desde el primer día con humildad y determinación. Quiero que llegue el momento en que dejemos de señalar el Palacio para explicar a nuestros hijos lo que Telde no fue capaz de terminar y podamos señalarlo con orgullo para contarles lo que conseguimos juntos. Tenemos la oportunidad de transformar una deuda de más de veinticinco años en uno de los grandes referentes culturales, musicales y artísticos de Canarias y, con ello, situar a Telde en el lugar que por historia, dimensión y capacidad le corresponde. Porque la confianza no se pide: se gana cumpliendo. Y estoy convencido de que llegará el día en que las puertas del Palacio de la Cultura y las Artes se abran y Telde pueda decir, con confianza, esperanza y orgullo: lo conseguimos.

 

José Luis Macías Alonso es Concejal-Portavoz de Nueva Canarias – Bloque Canarista en el M.I. Ayuntamiento de Telde y Secretario General de Nueva Canarias – Bloque Canarista Telde.


miércoles, 12 de agosto de 2026

La infancia no tiene patria, tiene derechos

 


La infancia no tiene patria, tiene derechos


Artículo de Diego Ojeda Ramos...

Hay palabras que deberían permanecer al margen del ruido político porque pertenecen al patrimonio moral de la humanidad. Una de ellas es infancia. Basta pronunciarla para que regresen los recuerdos de la escuela, de los juegos interminables, de la protección de una madre, de la firmeza serena de un padre o de la mano de un maestro que enseñaba mucho más que matemáticas o lengua. La infancia es el territorio de la inocencia y de la esperanza. Es el tiempo en el que la sociedad tiene la obligación de cuidar antes que juzgar.

 

La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por las Naciones Unidas en 1989, no distingue entre niños ricos o pobres, nacionales o extranjeros, blancos o negros. Reconoce algo mucho más profundo: todos los menores poseen la misma dignidad y el mismo derecho a ser protegidos. Ese principio debería bastar para orientar cualquier decisión pública.

 

Sin embargo, vivimos tiempos extraños. Tiempos en los que el sufrimiento de un niño o una niña puede convertirse en un argumento electoral. Tiempos en los que una tragedia humanitaria se reduce a un eslogan. Tiempos en los que algunos parecen haber olvidado que antes de ser inmigrantes, antes de ser extranjeros, antes incluso de tener un nombre que aparezca en una estadística, son simplemente niños y niñas.

 

Los acontecimientos vividos en Ceuta vuelven a enfrentarnos con esa realidad incómoda. Detrás de cada menor migrante no acompañado existe una historia que rara vez aparece en los discursos. Hay pobreza, guerras olvidadas, violencia, hambre, persecución o la desesperación de unos padres que toman la decisión más dolorosa de sus vidas: dejar marchar a un hijo con la esperanza de que sobreviva.

 

No todos los casos son iguales. Algunos menores desean regresar con sus familias, y cuando ese regreso garantiza plenamente su seguridad, su bienestar y responde a su interés superior, debemos hacer todo lo posible para que puedan volver a casa. Nadie puede sustituir el amor de una familia cuando esta puede proteger a sus hijos e hijas.

 

Pero también existen miles de menores cuya realidad es mucho más dura. Niños, niñas y adolescentes que no tienen un hogar seguro al que regresar. Que han cruzado el desierto, dormido en la calle, sobrevivido a las mafias y desafiado al océano para llegar a una costa que apenas conocen. Esos menores no necesitan discursos grandilocuentes. Necesitan protección, educación, asistencia sanitaria, estabilidad emocional y la oportunidad de reconstruir una vida que nunca debió romperse.

 

Durante mi etapa como maestro en Jinámar aprendí una lección que todavía me acompaña. Recuerdo las conversaciones con mis compañeros y compañeras del claustro cuando analizábamos situaciones de enorme vulnerabilidad familiar. Todos coincidíamos en una idea sencilla, pero profundamente humana: el mejor lugar para un niño es junto a sus padres, salvo cuando permanecer con ellos suponga un riesgo para su integridad. Aquella afirmación no nacía de la teoría, sino de la experiencia acumulada entre quienes convivíamos cada día con la infancia.

 

También aprendimos otra realidad menos amable: la Administración, por mucho esfuerzo que haga, nunca podrá sustituir completamente el calor de una familia. Los centros de protección cumplen una función imprescindible, pero ningún recurso institucional puede reemplazar un abrazo sincero o la seguridad de un hogar.

 

Quizá por eso me conmueve especialmente la situación de los menores que llegan solos a nuestras fronteras. Porque su vulnerabilidad supera todo aquello que conocimos entonces. Son niños y niñas que cargan con responsabilidades de adultos. Han perdido demasiado pronto la tranquilidad de la infancia.

 

Años después, como concejal de Servicios Sociales, esa convicción se hizo todavía más fuerte. En cada decisión procurábamos colocar en el centro el interés superior del menor. Ese principio no entendía de ideologías ni de estrategias partidistas. Era, sencillamente, una obligación ética.

 

Por eso duele comprobar cómo el drama de estos niños termina convertido en un campo de confrontación política. En lugar de buscar soluciones compartidas, algunos optan por alimentar el miedo, exagerar los problemas o difundir informaciones falsas para obtener un puñado de votos. Cuando la política deja de mirar a los ojos de un niño y comienza a verlo únicamente como un instrumento electoral, pierde una parte esencial de su razón de ser.

 

Las democracias no se fortalecen sembrando temor. Se fortalecen protegiendo derechos. La fortaleza de un Estado no se mide únicamente por su capacidad para controlar sus fronteras, sino también por su capacidad para defender la dignidad humana de quienes llegan hasta ellas en las peores circunstancias.

 

Canarias conoce bien esta realidad. Somos un pueblo nacido del encuentro entre culturas. Nuestra historia está marcada por la emigración de miles de canarios que cruzaron el Atlántico buscando en Cuba, Venezuela o Uruguay aquello que su tierra no podía ofrecerles. Nuestros abuelos también fueron recibidos en puertos lejanos con una mezcla de solidaridad y desconfianza. Quizá por eso deberíamos ser especialmente sensibles cuando otros pueblos llaman hoy a nuestra puerta.

 

La solidaridad no significa ingenuidad. Toda política migratoria necesita orden, cooperación internacional, responsabilidad compartida y planificación. Los Estados tienen derecho y obligación de gestionar sus fronteras. Pero ninguna de esas políticas puede construirse sacrificando los derechos de la infancia. El interés superior del menor debe seguir siendo el primer criterio de actuación.

 

Me preocupa, como ciudadano y como educador, que los bulos, la mentira organizada y la desinformación estén erosionando nuestra convivencia. La historia demuestra que el odio nunca aparece de repente. Siempre comienza deshumanizando al otro, convirtiéndolo en una amenaza antes que en una persona.

 

No deberíamos permitir que ese proceso siga avanzando. No porque todos debamos pensar igual sobre la inmigración, sino porque todos deberíamos coincidir en una idea fundamental: ningún niño merece crecer siendo utilizado como arma política.

 

La infancia nos pone siempre frente a un espejo. Nos obliga a preguntarnos qué sociedad queremos construir. Una que responda al miedo levantando muros o una que responda con justicia, responsabilidad y humanidad.

 

Cada menor que llega solo hasta nuestras costas nos está haciendo esa pregunta. La respuesta no definirá únicamente su futuro. Definirá también el nuestro.

 

Porque una sociedad que protege a sus niños y niñas protege su propia conciencia. Y una sociedad que convierte a la infancia en enemiga termina perdiendo aquello que la hacía verdaderamente humana.

Diego Fernando Ojeda Ramos, fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.


sábado, 8 de agosto de 2026

Reconstruir el corazón de nuestra ciudad.



 Reconstruir el corazón de nuestra ciudad.


Hubo un tiempo en el que el corazón de Telde latía con una fuerza extraordinaria. Y cuando el corazón de Telde latía con fuerza, toda la ciudad prosperaba. San Gregorio era mucho más que una zona comercial; era el gran motor económico, social y humano de la ciudad. Sus comercios abrían cada mañana con la ilusión de crecer, muchas empresas familiares se consolidaban generación tras generación y numerosos negocios llegaron a convertirse en auténticos referentes, atrayendo a personas de toda Gran Canaria. Aquella actividad generaba empleo, riqueza, oportunidades e ilusión. Las calles estaban llenas de vida porque el corazón de Telde latía con fuerza. Recuperar ese espíritu no es un ejercicio de nostalgia; es una necesidad para construir el futuro. Reconstruir el corazón de la ciudad significa recuperar el orgullo de ser teldenses y ofrecer a las nuevas generaciones una ciudad llena de oportunidades.

 

Hace mucho tiempo que esta realidad me preocupa. No es una reflexión nacida al calor del debate político ni una idea improvisada. Es el resultado de muchos años caminando estas calles, conversando con vecinos, comerciantes, referentes del lugar y personas que han dedicado su vida a mantener vivo el centro de Telde. He escuchado sus preocupaciones, compartido muchas de sus inquietudes y comprendido que este problema trasciende a quienes viven o tienen un negocio en San Gregorio, San Juan, San Francisco o Arnao. He llegado, incluso, a compartir su frustración al comprobar cómo muchos han terminado resignándose a pensar que esta situación no tiene solución. Nos afecta a todos. Porque cuando el corazón de una ciudad pierde fuerza, toda la ciudad lo siente. Los comercios venden menos, las calles pierden actividad, muchas familias dejan de encontrar en el centro el lugar donde desarrollar su proyecto de vida, los jóvenes buscan oportunidades lejos de casa y la ciudad deja de proyectar la imagen dinámica, acogedora y emprendedora que siempre la caracterizó. Por eso siempre he defendido que las mejores decisiones para Telde no nacen de un despacho, sino de escuchar a quienes la viven y la sienten cada día, a pie de calle.

 

Reconstruir el corazón de la ciudad significa volver a creer en nosotros mismos. Significa recuperar la capacidad de atraer vida al centro, de impulsar el comercio local, de apoyar a quienes generan empleo y riqueza, de abrir nuevas oportunidades para quienes desean emprender y de ofrecer espacios donde la cultura, la convivencia y la actividad económica vuelvan a darse la mano. Porque cuando el corazón de la ciudad late con fuerza, su impulso alcanza a todo el municipio. También fortalece la actividad de nuestros polígonos industriales y áreas comerciales, como El Goro-Salinetas, Las Rubiesas, Las Huesas, Jinámar, Cruz de La Gallina, Boca Barranco y el conjunto de espacios empresariales y comerciales de Telde, generando sinergias que favorecen la inversión, el empleo y el desarrollo económico. Significa que nuestros hijos y nuestros nietos puedan encontrar oportunidades en su propia ciudad, sin tener que buscarlas siempre fuera. Significa que quienes nos visiten descubran una Telde viva, cuidada, dinámica y orgullosa de su historia. Y significa, también, volver a unir San Gregorio, San Juan, San Francisco y Arnao como un único corazón urbano que vuelva a latir con fuerza para beneficio de toda la ciudad.

 

Esta no es una propuesta para gastar más, sino para invertir mejor. Hay inversiones que solucionan problemas y otras que cambian el destino de una ciudad. Recuperar el corazón de Telde pertenece a esta segunda categoría. Apostar por este proyecto es apostar por el desarrollo económico, el comercio de proximidad, el empleo, la cultura, el turismo, la convivencia y la calidad de vida. Pero también supone reivindicar un principio que considero irrenunciable: la Administración debe ser garante de la igualdad de oportunidades, de la legalidad, de la pluralidad y de la equidad. Gobernar no consiste en decidir qué barrios, qué sectores o qué proyectos merecen avanzar y cuáles pueden seguir esperando. Gobernar consiste en servir al interés general con planificación, objetividad y responsabilidad, garantizando que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades para prosperar y que ninguna parte de la ciudad quede condenada al abandono o a la resignación.

 

Estoy convencido de que Telde tiene todo lo necesario para volver a ilusionarse. Tiene historia, patrimonio, talento, una ubicación privilegiada y, por encima de todo, una ciudadanía trabajadora que nunca ha dejado de creer en su ciudad. No necesitamos inventar una nueva identidad; necesitamos recuperar la confianza en lo que somos capaces de hacer cuando caminamos juntos hacia un mismo objetivo. No queremos volver al pasado. Queremos recuperar la capacidad que tuvo Telde para crear oportunidades, generar riqueza y convertirse en un referente para toda Gran Canaria.

 

A esa visión de ciudad la he querido llamar Compactar Telde. No porque se trate de construir más, sino de conectar mejor; de recuperar el corazón urbano, revitalizar el comercio, unir nuestros barrios, poner en valor nuestro patrimonio y generar nuevas oportunidades para todos. En las próximas semanas compartiré una serie de reflexiones sobre los proyectos, las infraestructuras y los principios que, a mi juicio, pueden ayudarnos a alcanzar ese objetivo. Porque reconstruir el corazón de Telde no es mirar al pasado; es decidir ganar el futuro.

 

José Luis Macías Alonso es Concejal y Portavoz de Nueva Canarias Bloque Canarista en el M.I. Ayuntamiento de Telde y Secretario General de Nueva Canarias Bloque Canarista Telde.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Nueva Canarias Telde lamenta profundamente el fallecimiento de Nicomedes Rodríguez Vega

 


Nueva Canarias Telde lamenta profundamente el fallecimiento de Nicomedes Rodríguez Vega

 

Desde Nueva Canarias Telde queremos expresar nuestro más profundo pesar por el trágico fallecimiento del joven Nicomedes Rodríguez Vega, vecino de Caserones Altos, ocurrido como consecuencia del accidente laboral registrado en las instalaciones de DISA, en el Polígono Industrial de Salinetas.

 

Trasladamos nuestro más sentido pésame a su familia, amistades y seres queridos, a quienes enviamos todo nuestro cariño, apoyo y solidaridad en estos momentos de inmenso dolor. Del mismo modo, queremos hacer llegar todo nuestro ánimo y afecto a sus compañeras y compañeros de trabajo, que también están viviendo unas horas de enorme dureza tras esta tragedia.

 

Asimismo, deseamos una pronta y completa recuperación a las personas que han resultado heridas, con el deseo de que puedan superar cuanto antes las graves consecuencias de este trágico suceso.

 

Queremos también reconocer y agradecer la rápida y eficaz actuación de todos los profesionales que han intervenido desde el primer momento: los servicios de emergencia, el Servicio de Urgencias Canario (SUC), el Consorcio de Emergencias de Gran Canaria, la Policía Local de Telde, la Policía Nacional, Protección Civil y el resto de efectivos que han trabajado con profesionalidad, entrega y coordinación en una situación de enorme complejidad.

 

La pérdida de un joven de Caserones Altos enluta no solo a su familia y a quienes compartieron con él su vida y su trabajo, sino también a todo un barrio y al conjunto de la ciudad de Telde, que hoy llora una tragedia que nadie debería vivir.

 

Descanse en paz.


martes, 4 de agosto de 2026

San Francisco, donde las piedras también tienen memoria

 


San Francisco, donde las piedras también tienen memoria

 Artículo de Diego Ojeda Ramos...

Hay lugares que no se visitan. Se regresan. No importa cuántos años pasen ni cuántos caminos nos alejen de ellos. Permanecen escondidos en algún rincón del alma, aguardando el momento en que un olor, una campana o el rumor de una fuente vuelvan a abrir la puerta de los recuerdos. Para mí, ese lugar tiene un nombre sencillo y eterno: San Francisco, el viejo barrio de Telde.

 

Mi padre nació allí, allá por 1948. Lo hizo en un barrio donde la riqueza nunca se midió en monedas, sino en la dignidad de sus gentes. Artesanos, campesinos, zapateros, carpinteros, herreros, panaderos... hombres y mujeres humildes que levantaban cada día el porvenir con la fuerza de sus manos. Quizá por eso San Francisco ha llegado casi intacto hasta nuestros días. Nunca interesó derribarlo para levantar edificios impersonales. Su aparente pobreza terminó siendo su mayor fortuna. Mientras otros lugares sucumbieron al cemento, San Francisco conservó el alma.

 

Mi bisabuelo, José Quintana, era uno de aquellos hombres. Panadero de oficio. Su pequeño obrador, en la calle Huerta número 4, alimentaba a muchas familias. Pero llegaron los años del miedo. Los vencedores decidieron que también podían controlar el pan. Le prohibieron seguir amasándolo en su horno. La razón oficial fue que vendía pan a los rojos. La verdadera razón prefiero guardarla para otro momento. Hay silencios familiares que necesitan madurar antes de convertirse en palabras.

 

Obligado por las circunstancias, tuvo que abandonar su obrador y marchar cada madrugada hasta la antigua Panadería Obrera, en Los Llanos de Jaraquemada, para seguir ganándose el sustento. Nunca dejó de amasar. Porque quienes han aprendido a hacer pan saben que la harina también puede ser una forma de resistencia.

 

Yo llegué después. Mucho después. Pero tuve el privilegio de pasar parte de mi infancia y algunos veranos recorriendo aquellas calles que para mí eran un universo entero. Cada esquina escondía una historia; cada piedra parecía conocer el nombre de quienes habían pasado antes.

 

Recuerdo la calle Inés Chemida, custodiada por el viejo acueducto que parece seguir desafiando al tiempo. Recuerdo la calle Altozano, donde vivía mi querida tía María Luisa, una de esas personas que convierten una casa en un refugio y un abrazo en un hogar. Recuerdo la calle San Francisco, la calle Carreñas, donde vivía mi querido amigo Pepón Artiles, y la calle de la Fuente, donde se encontraba el antiguo pilar al que acudían los vecinos para recoger el agua cuando aún no corría por todas las viviendas. Y recuerdo también la calle Portería, donde residía la mujer encargada de custodiar la llave de la ermita de San Francisco, como si guardara mucho más que una puerta: protegía siglos de historia.

 

Porque caminar por San Francisco es recorrer un museo al aire libre.

 

Allí estuvo el antiguo convento franciscano, cuya iglesia continúa siendo una de las grandes joyas del patrimonio histórico y artístico de Gran Canaria. Cada fachada, cada portada labrada, cada balcón de madera y cada rincón parecen dialogar con quienes se detienen a contemplarlos.

 

En el corazón del barrio, la plaza parece detener el paso del tiempo. Su fuente central, diseñada por el gran artista teldense José Arencibia Gil, no es únicamente un elemento ornamental. Forma parte de una concepción artística integral que también dio forma al empedrado y a las empalizadas que delimitan el espacio. Arencibia comprendió que restaurar un barrio histórico no consistía en llenarlo de monumentos nuevos, sino en escuchar el lenguaje de las piedras antiguas y dialogar con ellas. Gracias a esa sensibilidad, la plaza conserva hoy una armonía difícil de explicar y fácil de sentir.

 

Muy cerca, junto al inmenso Laurel de Indias que todos conocemos como el "Árbol Bonito", se alza el Cristo de piedra. También él resume una hermosa historia de amistad y de arte. Fue concebido por José Arencibia Gil; la talla debía realizarla el escultor Plácido Fleitas, pero una grave enfermedad le impidió concluirla. Sería finalmente Manuel Marrero, discípulo de Fleitas, quien culminaría la obra con enorme maestría. Tres artistas unidos para dejar una sola huella sobre la piedra y sobre la memoria de Telde.

 

No muy lejos se encuentra el Bailadero —o Baladero, según quien lo nombre—, uno de esos lugares donde la tradición y la leyenda se abrazan. Hay quienes sostienen que allí se celebraba el mercado de ganado y que el nombre procede del balido de las cabras y ovejas. Otros prefieren creer que, cuando caía la noche, era el lugar donde las brujas bailaban al amparo de la luna. Tal vez ambas historias sean ciertas. Después de todo, los pueblos necesitan tanto de la historia como de la imaginación para comprenderse a sí mismos.

 

Pero San Francisco guarda un secreto todavía más antiguo.

 

Bajo sus calles empedradas, bajo las casas encaladas y los patios silenciosos, descansan importantes restos arqueológicos de los antiguos habitantes de Telde, la gran población indígena que maravilló a los cronistas europeos. Antes de que sonaran las campanas del convento ya resonaban allí otras voces, otro idioma y otras formas de entender el mundo. Cada piedra del barrio parece sostener varias capas de memoria: la indígena, la conventual, la artesanal y la popular.

 

Quizá por eso nunca he entendido a quienes consideran que el patrimonio es únicamente un conjunto de edificios viejos. El verdadero patrimonio son también las historias que habitan esos edificios. La memoria de quienes amasaron pan cuando hacerlo era un acto de valentía. La de quienes fueron tejiendo comunidad alrededor de una fuente, de una ermita o de una plaza. La de los niños y niñas que corrían por las calles sin saber que estaban jugando sobre siglos de historia.

 

Hoy, cuando vuelvo a San Francisco, ya no camino solo. Camino con mi padre recién nacido en 1948. Camino con mi bisabuelo José Quintana, que seguía amasando pan antes del amanecer pese a las injusticias de su tiempo. Camino con mi tía María Luisa, con Pepón Artiles y con tantos vecinos cuyos nombres quizá nunca aparezcan en los libros de historia, pero que hicieron posible la historia del barrio.

 

Y entonces comprendo que San Francisco no es únicamente un lugar de Telde.

 

Es una forma de entender la vida.

 

La vida sencilla de quienes construyeron belleza sin pretenderlo. La de quienes levantaron comunidad antes de que existiera esa palabra en los discursos políticos. La de quienes demostraron que la humildad también puede convertirse en patrimonio.

 

Porque hay ciudades que presumen de sus monumentos.

 

San Francisco, en cambio, puede presumir de algo mucho más difícil de conservar: su memoria.

Diego Fernando Ojeda Ramos, fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.


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