viernes, 4 de septiembre de 2026

Las Ramblas de Arnao: Clave para volver a unir el corazón de Telde

 


Las Ramblas de Arnao: Clave para volver a unir el corazón de Telde

Hay proyectos que resuelven problemas y hay proyectos capaces de cambiar una ciudad. Transformar las Ramblas de Arnao para volver a unir San Gregorio, San Juan, San Francisco, Arnao y su entorno pertenece, para mí, a los segundos. Hoy tenemos espacios muy próximos que, sin embargo, no terminan de sentirse plenamente conectados. Por eso creo que Telde debe atreverse a estudiar una transformación ambiciosa de este gran eje urbano, analizando la posibilidad de soterrar determinados tramos de circulación y recuperar la superficie para las personas. Imaginemos una gran continuidad urbana, accesible, arbolada y con sombra, donde caminar resulte cómodo, limpio, sano, seguro y agradable; con espacios para descansar, encontrarnos y convivir. No estamos hablando simplemente de transformar una vía: estamos hablando de empezar a dibujar el Telde de las próximas décadas.

Reconozco que este proyecto me apasiona especialmente. Cuando pienso en el Telde de dentro de veinte o treinta años imagino una ciudad más unida, amable y humana. Y para conseguirlo debemos incorporar conceptos como la caminabilidad y el confort urbano a nuestra manera de planificar: espacios accesibles, zonas verdes, arbolado que genere sombra, buenos pavimentos, iluminación, seguridad, mobiliario y lugares de estancia que inviten realmente a utilizar la ciudad. El confort urbano está directamente relacionado con la calidad de vida y el bienestar de las personas, y depende precisamente de muchos de estos elementos que encontramos cada día en nuestras calles. Una ciudad donde caminar resulte agradable es también una ciudad que favorece nuestra salud, nuestra convivencia, nuestro comercio y la vida de sus calles. No quiero simplemente transformar las Ramblas de Arnao; quiero que imaginemos qué ciudad podemos construir sobre ellas.

Y creo que debemos tener la valentía de afrontar retos de esta dimensión. No puede pretender asumir la responsabilidad de ser alcalde o alcaldesa de Telde quien no esté dispuesto a afrontar proyectos de esta envergadura. Gobernar no consiste únicamente en administrar los problemas cotidianos; exige tener una visión sobre la ciudad que queremos dentro de treinta años y comenzar a tomar decisiones que definirán su futuro desarrollo socioeconómico, urbanístico y de planeamiento. Pero ser ambiciosos tampoco significa prometer lo imposible. Una transformación así necesita estudios rigurosos de ingeniería, arquitectura, urbanismo y movilidad; analizar alternativas, costes, afecciones y fases; buscar financiación y conseguir la implicación de otras administraciones. No quiero prometer una obra antes de saber cómo puede hacerse; quiero que Telde tenga la ambición suficiente para estudiar seriamente cómo hacerla posible. Y, si resulta viable, planificar, buscar recursos, alcanzar acuerdos y tener la determinación de comenzar, articulando paralelamente los procesos participativos ciudadanos oportunos.

Quienes hayan seguido estas reflexiones durante las últimas semanas probablemente empiecen a comprender que no estoy hablando de actuaciones aisladas. Terminar el llamado Palacio de la Cultura y las Artes, habilitar el edificio de los antiguos Multicines, poner en funcionamiento las 1.022 plazas del parking de San Gregorio, fortalecer nuestro comercio y transformar las Ramblas de Arnao son actuaciones diferentes, que tendrán expedientes, inversiones y tiempos de ejecución distintos, pero que deben responder a una misma visión de ciudad. Y esa visión tampoco puede terminar en el centro urbano. Debe relacionarse con el desarrollo y fortalecimiento de nuestros polígonos y zonas industriales —El Goro, Salinetas, Las Rubiesas, Jinámar, Cruz de la Gallina, Bocabarranco, Las Huesas y el resto de áreas productivas— como motores fundamentales de empleo, inversión y actividad económica. Una ciudad no se transforma sumando proyectos independientes, sino consiguiendo que actuaciones diferentes respondan a una misma planificación y empujen en una misma dirección. Precisamente la movilidad, la accesibilidad y el planeamiento necesitan esa mirada transversal y coordinada.

No me conformo con que Telde se limite a administrar la ciudad que ha recibido. Tenemos la responsabilidad de preparar la ciudad que entregaremos a quienes vengan detrás. Sé que una transformación como ésta no se consigue de un día para otro y posiblemente tampoco pueda completarse en un solo mandato. Pero precisamente por eso alguien debe tener la valentía de imaginarla, estudiarla y comenzar a dar los primeros pasos. Me ilusiona pensar que algún día podamos aparcar nuestros vehículos donde corresponde y recuperar la superficie para caminar; salir de San Gregorio y continuar hacia San Juan, San Francisco o Arnao sintiendo que seguimos formando parte de un mismo corazón urbano; disfrutar de calles con sombra, comercio, cultura, actividad y vida. Porque quizá el mayor legado que podamos dejar a Telde no sea solamente una gran obra, sino conseguir que una ciudad que durante demasiado tiempo fue creciendo por partes vuelva, por fin, a encontrarse, a conectarse y a sentirse una sola Telde.

José Luis Macías Alonso es Concejal y Portavoz de Nueva Canarias – Bloque Canarista en el M.I. Ayuntamiento de Telde y Secretario General de Nueva Canarias – Bloque Canarista Telde.

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

Nueva Canarias Telde felicita al subinspector de la policía local de Telde, José Luis Ramos, por su Medalla de Plata al Mérito Policial de Las Palmas de Gran Canaria.

 


 

Nueva Canarias Telde felicita al subinspector de la policía local de Telde, José Luis Ramos, por su Medalla de Plata al Mérito Policial de Las Palmas de Gran Canaria.

Concedida en reconocimiento a su cooperación, asistencia y excelente coordinación entre los cuerpos de seguridad de ambos municipios.

Nueva Canarias Telde desea felicitar a José Luis Ramos González, así como al resto de miembros de otros cuerpos de seguridad que también serán condecorados. El galardón se les entregará oficialmente el próximo 14 de septiembre de 2026 durante el acto institucional del Cristo de la Vera Cruz, patrón de la Policía Local capitalina.

Esta distinción pone en valor su dedicación y su entrega para garantizar la seguridad de la ciudadanía teldense.

Hace poco tiempo, en el pasado mes de julio, el subinspector José Luis Ramos fue también receptor de un emotivo reconocimiento por parte de la Comisión de Fiestas del barrio de El Ejido por sus más de dos décadas de apoyo y servicio a la comunidad.

José Luis Ramos González cuenta también con una dilatada experiencia como profesor en la Academia de Policía, y, en los últimos años, su trabajo ha sido clave en el área de cooperación Institucional.

Desde Nueva Canarias Bloque Canarista de Telde reiteramos nuestra sincera felicitación al subinspector José Luis Ramos González por su Medalla y su dedicación durante tantos años al servicio público a la ciudadanía.


Canarias no puede mirar hacia otro lado


 

Canarias no puede mirar hacia otro lado

Artículo de Diego Ojeda Ramos

Hay territorios que aparecen en los mapas como una extensión de arena, como una frontera trazada con tinta, como una línea que separa dos países. Y hay territorios que, aunque el mundo intente reducirlos a una cuestión diplomática, están hechos de memoria, de nombres, de familias, de muertos, de exilio y de una esperanza que se niega a desaparecer.

El Sáhara Occidental es uno de ellos.

Y para Canarias el Sáhara no es un territorio lejano. No lo ha sido nunca. Entre las islas y el desierto existe un océano, sí, pero también una historia compartida, una proximidad geográfica y una relación humana que forma parte de nuestra memoria atlántica.

Por eso, desde Canarias, hablar del Sáhara es hablar también de nosotros.

Es hablar de una deuda.

De una deuda española.

De una deuda europea.

Y también de una deuda con un pueblo al que demasiadas veces se le ha pedido paciencia mientras otros negociaban sobre su territorio, sus recursos y su futuro.

Una descolonización que nunca terminó

España llegó al Sáhara como potencia colonial y permaneció allí hasta 1976. Las Naciones Unidas incluyeron el territorio en 1963 en la lista de Territorios No Autónomos, precisamente a partir de la información transmitida por España sobre el entonces denominado Sáhara Español.

Aquello implicaba una responsabilidad: España era la potencia administradora y tenía que conducir el territorio hacia la descolonización respetando el derecho de su población a decidir libremente su futuro.

Pero España no cumplió esa responsabilidad histórica.

En noviembre de 1975 se firmaron los llamados Acuerdos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania. España puso fin a su presencia colonial y transfirió la administración temporal del territorio a una estructura en la que participaban Marruecos y Mauritania.

Pero había un problema fundamental: el Sáhara no era una propiedad española que España pudiera entregar a otro Estado.

Era un territorio pendiente de descolonización.

Y la descolonización no podía consistir simplemente en cambiar la bandera de la potencia administradora por la de otra potencia.

La propia historia jurídica lo había dejado claro.

En octubre de 1975, apenas unas semanas antes de los Acuerdos de Madrid, la Corte Internacional de Justicia había estudiado las reclamaciones territoriales de Marruecos y Mauritania. Su conclusión fue inequívoca en lo esencial: no existía un vínculo de soberanía territorial entre Marruecos y el Sáhara Occidental que pudiera alterar la aplicación del principio de autodeterminación.

El pueblo saharaui tenía derecho a decidir.

Y ese derecho quedó suspendido en la historia.

España se marchó. Los saharauis se quedaron.

España abandonó el territorio.

Pero los saharauis no abandonaron su tierra.

Llegaron la ocupación, la guerra, el exilio y la división.

Marruecos pasó a administrar gran parte del territorio y Mauritania ocupó otra parte. El Frente POLISARIO se enfrentó militarmente a ambos. Mauritania terminó retirándose en 1979 y Marruecos pasó a controlar la zona que había abandonado.

Desde entonces, una parte del pueblo saharaui vive bajo administración marroquí y otra parte permanece en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia.

Décadas.

Una generación.

Dos.

Tres.

Niños que nacieron en el exilio y se hicieron adultos sin conocer su tierra.

Padres que murieron esperando regresar.

Abuelas que conservan en la memoria nombres de lugares que sus nietos sólo conocen por fotografías.

Eso también es el Sáhara.

No solamente fosfatos.

No solamente pesca.

No solamente diplomacia.

Personas.

La paradoja de una tierra que tiene dueño económico pero no dueño político

El Sáhara Occidental continúa figurando ante las Naciones Unidas como Territorio No Autónomo. Es decir, la descolonización no puede darse por concluida.

Y aquí aparece una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo.

¿Cómo puede un territorio seguir pendiente de descolonización mientras se explotan sus recursos naturales?

¿Cómo puede negociarse sobre sus aguas?

¿Cómo puede hablarse de acuerdos comerciales sobre productos procedentes del territorio?

¿Cómo pueden otros Estados obtener beneficios económicos mientras la población del territorio sigue sin haber ejercido su derecho a decidir?

La Unión Europea ha tenido que enfrentarse jurídicamente a esta contradicción.

En 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea volvió a examinar los acuerdos entre la UE y Marruecos relacionados con el Sáhara Occidental y sus aguas. La sentencia puso en el centro cuestiones esenciales: el derecho de autodeterminación, el carácter de territorio no autónomo del Sáhara y la necesidad de contar con el consentimiento del pueblo del territorio para que determinados acuerdos internacionales puedan afectarlo.

Y aquí Canarias tiene mucho que decir.

Porque nuestras aguas no son un espacio vacío.

El Atlántico que separa Canarias del continente africano es también nuestro espacio económico, pesquero y estratégico.

Cuando Marruecos pretende extender sus derechos sobre las aguas del Sáhara Occidental, la cuestión deja de ser exclusivamente saharaui.

También afecta a Canarias.

Canarias no puede mirar al Sáhara desde la distancia

Desde una perspectiva canarista, el Sáhara debería ser una cuestión fundamental.

Porque Canarias sabe lo que significa vivir en una periferia atlántica.

Sabemos lo que significa que las grandes capitales decidan sobre nosotros desde lejos.

Sabemos lo que significa que otros hablen de nuestras aguas, de nuestros recursos y de nuestro futuro como si fueran piezas de un tablero geopolítico.

Por eso precisamente deberíamos comprender mejor al pueblo saharaui.

El canarismo democrático no puede ser indiferente ante la existencia de un pueblo que reclama poder decidir sobre su propia tierra.

Nuestro nacionalismo no necesita enemigos.

Necesita principios.

Y uno de esos principios debería ser el derecho de los pueblos a decidir libremente su futuro.

Marruecos y la política del hecho consumado

Marruecos ha construido durante décadas una política basada en el hecho consumado.

Control territorial.

Infraestructuras.

Población.

Inversiones.

Presencia militar.

Diplomacia.

Y una estrategia internacional destinada a conseguir que aquello que comenzó siendo una ocupación termine siendo aceptado como una realidad irreversible.

Pero la realidad sobre el terreno no convierte automáticamente una ocupación en soberanía.

Ni el paso del tiempo convierte una injusticia en un derecho.

El derecho internacional no funciona así.

Y si funciona así, entonces cualquier ocupación prolongada podría acabar convirtiéndose en legítima simplemente porque quien ocupa tiene suficiente paciencia, dinero o aliados.

Eso sería una derrota moral para la comunidad internacional.

Y después llegó la migración

Hay otra dimensión que Canarias conoce demasiado bien.

La migración.

No hay que confundir nunca a las personas migrantes con las políticas de los Estados.

Quien huye de la pobreza, de la guerra o de la desesperación no es responsable de la política exterior de su Gobierno.

Pero tampoco podemos ser ingenuos.

La migración puede convertirse en una herramienta de presión geopolítica.

Lo hemos visto en diferentes momentos en las fronteras españolas y europeas.

Cuando un Estado controla una de las principales puertas de entrada hacia Europa, la capacidad de abrir o cerrar esa puerta se convierte también en una herramienta diplomática.

Y Canarias conoce el precio de las fronteras convertidas en instrumentos políticos.

El Atlántico se ha convertido en una frontera mortal.

No podemos aceptar que las vidas humanas sean utilizadas como moneda de cambio.

Pero tampoco podemos aceptar que Europa pretenda resolver el fenómeno migratorio entregando cada vez más recursos y responsabilidades de control fronterizo a terceros países sin preguntarse qué consecuencias políticas genera esa dependencia.

Europa necesita cooperación con África.

Pero cooperación no significa subordinación.

Y mucho menos silencio.

Marruecos ha sabido utilizar su posición estratégica.

Es vecino de Europa.

Es socio comercial.

Es actor fundamental en la lucha contra el terrorismo y el tráfico de personas.

Es pieza importante en la política migratoria europea.

Es aliado de Estados Unidos.

Ha normalizado sus relaciones con Israel.

Y en diciembre de 2020 Estados Unidos dio un paso extraordinario al reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, vinculándolo al proceso de normalización de relaciones entre Marruecos e Israel.

Israel también reconoció posteriormente la posición marroquí sobre el territorio. Estados Unidos ha mantenido desde entonces esa política.

Marruecos ha conseguido así algo que hace décadas parecía mucho más difícil: transformar una reclamación territorial en una cuestión de alianzas internacionales.

Y mientras tanto, la Unión Europea mantiene con Marruecos una relación económica, política y migratoria de enorme importancia.

La UE financia programas de cooperación con Marruecos y mantiene instrumentos específicos de apoyo en materia migratoria, seguridad, movilidad y desarrollo. La Comisión Europea incluso aprobó para 2025-2027 un plan de acción migratoria para el vecindario sur que incluye medidas específicas relacionadas con Marruecos.

La pregunta que debemos hacernos no es si Europa debe relacionarse con Marruecos.

Por supuesto que debe hacerlo.

La pregunta es otra:

¿A qué precio?

Porque Marruecos no sólo mira hacia el sur

Y aquí aparece una cuestión que en Canarias deberíamos tomar muy en serio.

La reivindicación marroquí no se limita al Sáhara.

Desde hace décadas existen sectores políticos y nacionalistas marroquíes que reivindican también Ceuta y Melilla.

Y recientemente, en agosto de 2026, el ministro de Justicia marroquí Abdellatif Ouahbi volvió a defender públicamente que ambas ciudades tienen un supuesto "derecho histórico y geográfico" de Marruecos y reclamó abrir un diálogo sobre su futuro. El Gobierno español respondió rechazando tajantemente esas pretensiones y reafirmando la soberanía española sobre ambas ciudades.

Y Canarias tampoco puede ignorar las reivindicaciones marroquíes que incluyen al archipiélago en determinados discursos sobre el llamado "Gran Marruecos".

No se trata de sembrar miedo.

Se trata de no ser ingenuos.

Un Estado tiene derecho a defender sus intereses.

Y Canarias, como territorio europeo, atlántico y africano, también tiene derecho a defender los suyos.

Defender al Sáhara no significa odiar a Marruecos

Esta distinción es fundamental.

Defender el derecho del pueblo saharaui a decidir no significa odiar al pueblo marroquí.

No significa despreciar la cultura marroquí.

No significa querer una guerra.

No significa negar la importancia de Marruecos como vecino.

Precisamente porque queremos la paz debemos defender una solución justa.

Porque la paz sin justicia no suele ser paz.

Suele ser simplemente una tregua.

Y el Sáhara lleva demasiadas décadas viviendo de treguas.

España tiene una deuda histórica

España debería asumir que su responsabilidad histórica no desapareció el día que abandonó el Sáhara.

Puede haber terminado su presencia administrativa.

Puede haber cambiado la política exterior.

Puede haber firmado acuerdos.

Puede incluso haber cambiado su posición diplomática.

Pero la historia no se puede borrar mediante un comunicado.

España fue la potencia colonial.

España prometió una descolonización.

España no culminó esa descolonización.

Y España abandonó a un pueblo que había vivido bajo administración española.

Las Naciones Unidas registraron incluso la comunicación mediante la cual España anunció el 26 de febrero de 1976 que ponía fin definitivamente a su presencia en el territorio y consideraba terminada su responsabilidad internacional respecto de su administración.

Pero una cosa es abandonar un territorio.

Y otra muy diferente es resolver su descolonización.

España debió haber hecho lo que el derecho internacional exigía: haber culminado el proceso de descolonización;

Haber garantizado que la población saharaui pudiera decidir libremente su futuro;

Haber impedido que la salida española se transformara en una ocupación;

Haber protegido a la población civil;

Haber transferido la responsabilidad del proceso a las Naciones Unidas;

Y haber acompañado al pueblo saharaui hasta el momento en que pudiera decidir democráticamente si quería constituirse en Estado independiente, integrarse en otro marco político o escoger cualquier otra fórmula aceptada libremente.

No correspondía a España decidir.

Pero tampoco correspondía a España desaparecer.

El derecho a decidir no es una amenaza

Hay quienes presentan la autodeterminación saharaui como una amenaza para la estabilidad.

Yo pienso exactamente lo contrario.

La verdadera amenaza para la estabilidad es mantener indefinidamente un conflicto sin resolver.

La verdadera amenaza es educar generaciones enteras en el exilio.

La verdadera amenaza es permitir que la ocupación se normalice.

La verdadera amenaza es convertir los recursos naturales en una recompensa para quien controla el territorio.

La verdadera amenaza es que las grandes potencias decidan que el derecho internacional es negociable cuando hay suficientes intereses económicos o estratégicos.

Por eso defender el derecho a decidir del pueblo saharaui no es una posición radical.

Es una posición democrática.

Desde Canarias tenemos además una razón añadida.

No queremos un Atlántico convertido en un tablero de confrontación.

No queremos una carrera armamentística.

No queremos conflictos en nuestra vecindad.

No queremos que nuestras aguas sean objeto de decisiones tomadas sin contar con Canarias.

No queremos que la migración sea utilizada contra nosotros.

No queremos que nuestros recursos marinos se conviertan en moneda de cambio.

No queremos vivir mirando hacia el sur con miedo.

Queremos mirar hacia África con respeto.

Queremos relaciones de buena vecindad.

Queremos cooperación.

Queremos comercio justo.

Queremos seguridad.

Queremos paz.

Pero la paz no puede construirse sobre el silencio de un pueblo.

El canarismo tiene una palabra que decir

El canarismo democrático nació también de una idea profundamente sencilla: Canarias tiene derecho a decidir su futuro.

No podemos defender ese principio para nosotros y negárselo a otros.

No podemos decir que queremos una Canarias dueña de su destino mientras aceptamos que otro pueblo no pueda decidir sobre el suyo.

No podemos pedir respeto para Canarias y mirar hacia otro lado cuando se vulnera el derecho de los saharauis.

La solidaridad internacionalista no es caridad.

Es coherencia.

Y por eso, desde Canarias, debemos decirlo con claridad:

El Sáhara Occidental no es una mercancía.

Sus aguas no son una mercancía.

Sus fosfatos no son una mercancía.

Sus recursos pesqueros no son una mercancía.

Y su pueblo tampoco es una moneda de cambio diplomática.

El Sáhara tiene derecho a existir.

Tiene derecho a ser escuchado.

Tiene derecho a decidir.

Y mientras ese derecho no sea ejercido libremente por su pueblo, la descolonización seguirá inconclusa.

Porque los mapas pueden cambiar.

Los gobiernos pueden cambiar.

Los tratados pueden cambiar.

Las alianzas pueden cambiar.

Pero hay algo que no debería cambiar:

el derecho de un pueblo a decidir libremente su propio destino.

Y quizá Canarias, desde esta orilla del Atlántico, debería ser una de las voces que con más fuerza lo recuerde.

Por solidaridad.

Por justicia.

Por memoria.

Y también por nosotros mismos.

Por el Sáhara.

Por Canarias.

Por el derecho de los pueblos a decidir.

Diego Fernando Ojeda Ramos, fue concejal del Ayuntamiento de Telde

sábado, 29 de agosto de 2026

EL PARKING DE SAN GREGORIO: 1.022 PLAZAS PARA VOLVER A DAR VIDA AL CORAZÓN DE TELDE

 

EL PARKING DE SAN GREGORIO: 1.022 PLAZAS PARA VOLVER A DAR VIDA AL CORAZÓN DE TELDE

La semana pasada terminaba compartiendo una reflexión: “Quizá llevamos demasiado tiempo contemplando por separado lugares y problemas que podrían formar parte de una misma solución”. El Parking de San Gregorio es una de esas piezas que tenemos que empezar a conectar. Sus 1.022 plazas, justo delante del edificio de los antiguos Multicines y a pocos minutos de San Gregorio, San Juan, San Francisco y Arnao, pueden hacer mucho más que resolver dónde dejamos el coche. Pueden facilitar la vida a quien viene a comprar, trabaja en la zona, quiere pasear o disfrutar del centro. Porque detrás de cada comercio que abre hay personas y familias intentando salir adelante y detrás de cada calle que recupera actividad hay una ciudad que vuelve a encontrarse. Terminar este parking no es solamente acabar una obra: es otra oportunidad clave para devolver vida al corazón de Telde.

Esta semana mantuve una interesante conversación con una mujer muy vinculada al municipio, que quiere profundamente a Telde, que vive en el casco y que lleva muchos años siguiendo su realidad. Hablamos de estos tres años y de las oportunidades que sentimos que se han ido dejando pasar. Me decía que cada vez escucha más una petición muy sencilla: la gente quiere resultados y soluciones; está cansada de promesas que nunca terminan de llegar. Le respondí que compartía esa sensación porque es también lo que me trasladan vecinos, entidades, colectivos, comerciantes y representantes de distintos sectores. Y detrás de ese cansancio percibo algo que me preocupa todavía más: que terminemos acostumbrándonos a que las cosas no cambien. En el parking hemos tenido anuncios, declaraciones y vídeos, pero quienes viven y trabajan aquí en Telde o la visitan necesitan algo mucho más sencillo: ver las obras terminadas, abrir sus puertas y comprobar que esas 1.022 plazas empiezan por fin a ser útiles para la gente.

Y entonces aparece una pregunta que llevo semanas intentando compartir: ¿qué podría ocurrir si empezáramos a hacer funcionar juntas todas las oportunidades que tenemos delante? Frente al parking está el edificio de los antiguos multicines, hoy propiedad municipal y con posibilidades para generar actividad empresarial, formación y emprendimiento; muy cerca tenemos el denominado Palacio de la Cultura y las Artes; y alrededor, comercios, restauración, servicios, centros educativos y vecinales, así como algunos de nuestros barrios históricos. Imaginemos esos espacios funcionando, personas llegando, caminando por nuestras calles, entrando en nuestros negocios y disfrutando de la ciudad. El parking no es el objetivo final: es una pieza que puede ayudar a que muchas otras cosas ocurran. Quizá algunas de las respuestas que buscamos empiezan precisamente por conectar aquello que durante demasiado tiempo hemos contemplado por separado.

Por eso tampoco se trata simplemente de terminar la obra. Tenemos que pensar cómo queremos que funcione: con seguridad, mantenimiento, accesibilidad, buena señalización, horarios amplios, tarifas razonables y una gestión que ayude a vecinos y comercio. No se trata de llenar el centro de coches, sino de ordenar dónde los dejamos para recuperar las calles para las personas. Aparcar y después caminar, comprar, encontrarnos, tomar un café, acudir a una actividad cultural o simplemente disfrutar de nuestra ciudad. Planificar también consiste en eso: conseguir que una infraestructura pendiente se convierta en una herramienta que facilite la vida cotidiana y genere oportunidades a su alrededor.

No quiero que nos acostumbremos a una Telde de obras inacabadas, edificios cerrados y oportunidades esperando. Quiero que volvamos a sentir que somos capaces: Capaces de terminar lo que empezamos, cuidar lo que tenemos, generar oportunidades y recuperar una ciudad de la que sentirnos orgullosos. El Palacio, los antiguos Multicines, el parking, nuestro comercio y nuestros barrios históricos empiezan a dibujar algo mucho mayor que cada proyecto por separado. Porque, al final, no estamos hablando solamente de edificios, calles o aparcamientos. Estamos hablando de volver a creer en Telde. Y es que, cuando una ciudad recupera la confianza en todo lo que es capaz de hacer, recupera también la autoestima, la ilusión y la fuerza necesarias para construir su futuro.

 

José Luis Macías Alonso es Concejal y Portavoz de Nueva Canarias – Bloque Canarista en el M.I. Ayuntamiento de Telde y Secretario General de Nueva Canarias – Bloque Canarista Telde.

 


viernes, 28 de agosto de 2026

Nueva Canarias denuncia que el gobierno de Juan Antonio Peña pierde 251.608 euros para las cámaras de frío del Mercado

 


Nueva Canarias denuncia que el gobierno de Juan Antonio Peña pierde 251.608 euros para las cámaras de frío del Mercado

Nueva Canarias-Bloque Canarista de Telde denuncia que el Gobierno de Juan Antonio Peña, integrado por CIUCA, PP, CC y Más por Telde, ha perdido una subvención de 251.608,55 euros destinada a la reposición de las cámaras de frío del Mercado Municipal. Una ayuda que fue gestionada y conseguida por el anterior Gobierno municipal en 2022 y abonada al Ayuntamiento en enero de 2023, pero que el actual Ejecutivo no ha sido capaz de ejecutar y justificar en tiempo y forma.

 

El portavoz de Nueva Canarias Telde, José Luis Macías, recuerda que “la rehabilitación del Mercado Municipal quedó terminada durante el anterior mandato, quedando pendiente únicamente su puesta en funcionamiento y determinadas actuaciones, entre ellas la instalación de las cámaras de frío”. “El anterior Gobierno hizo su trabajo: terminó la rehabilitación y consiguió los 251.608,55 euros para las cámaras. Juan Antonio Peña y su Gobierno han tenido más de tres años para culminar el proceso y han terminado perdiendo la subvención por no ejecutarla en tiempo y forma”, afirma Macías. El portavoz recuerda además que el Mercado fue una de las grandes promesas electorales de Peña en 2023, cuando aseguró que su apertura sería inminente si alcanzaba la Alcaldía.

 

Para NC Telde, la pérdida de esta financiación evidencia “la absoluta falta de planificación, previsión y capacidad de gestión del Gobierno de Juan Antonio Peña”. El expediente de las cámaras de frío ha permanecido durante meses pendiente de resolver las subsanaciones requeridas, sin que CIUCA, PP, CC y Más por Telde hayan sido capaces de culminar su tramitación dentro del plazo disponible. “No estamos hablando de una subvención que este Gobierno tuviera que conseguir. El dinero estaba conseguido, estaba abonado y había una actuación concreta que realizar. La han perdido porque no han sabido gestionarla”, denuncia Macías.

 

El portavoz nacionalista considera que los vecinos deben conocer esta realidad porque “el Mercado no es solo un edificio: son oportunidades para nuestros comerciantes y empresarios, actividad económica, un espacio donde compartir, encontrarnos y hacer ciudad; es un punto de encuentro y una herramienta para el desarrollo de Telde”. Macías añade que el Gobierno lleva años “alimentando expectativas con anuncios”, mientras continúa sin ofrecer fechas claras sobre la finalización de las actuaciones pendientes, la puesta en funcionamiento del Mercado y la resolución de los problemas que todavía existen. “Telde no merece este maltrato. No merece que un proyecto prácticamente culminado se eternice ni que se pierdan 251.608 euros que podían mejorar sus instalaciones”, afirma.

 

“Esto tiene solución, pero requiere un cambio drástico en la forma de gobernar Telde”, concluye José Luis Macías. “Necesitamos un Gobierno que planifique, que gestione, que cumpla los plazos y que dé la cara cuando las cosas no se hacen. Juan Antonio Peña prometió en 2023 una apertura inminente y más de tres años después seguimos esperando; ahora sabemos además que su Gobierno ha dejado perder una subvención conseguida para completar las instalaciones. Telde tiene solución y tiene futuro, pero necesitamos dejar atrás esta forma de gobernar basada en anuncios y fotografías y sustituirla por planificación, gestión y cumplimiento”.

Nueva Canarias exige al alcalde que explique públicamente qué ocurrió con el expediente, por qué no se resolvieron las subsanaciones y quién asume la responsabilidad política por la pérdida de esta financiación.


jueves, 27 de agosto de 2026

Cuando se acaban los argumentos

 

Cuando se acaban los argumentos

Hay una vieja máxima no escrita en la política: cuando escasean los argumentos, aparece el ataque personal. Es el recurso más sencillo, el más rápido y, en ocasiones, el más eficaz para desviar la atención del verdadero debate. Porque discutir ideas exige conocimiento, preparación y voluntad de escuchar. Atacar a la persona solo requiere un teclado, un perfil en una red social o el amparo de un pseudomedio, y la intención de hacer daño.

 

Vivimos una época paradójica. Nunca antes había sido tan fácil acceder a la información y, sin embargo, nunca había resultado tan sencillo difundir la desinformación. Las redes sociales han democratizado la palabra, un avance indiscutible para la libertad de expresión, pero también han abierto la puerta a un fenómeno inquietante: la sustitución del debate por el insulto, de la razón por la descalificación y de los hechos por el ruido.

 

Cuando alguien no domina un asunto o carece de argumentos sólidos, rara vez decide estudiar, escuchar o aprender. Con demasiada frecuencia opta por desacreditar a quien sabe más, cuestionar sus intenciones o caricaturizar sus ideas. Es más fácil etiquetar a una persona de ignorante, corrupta, vendida o incapaz que responder con datos, propuestas o razones. El ataque personal se convierte así en un refugio para quien no encuentra la solidez intelectual necesaria para sostener su posición.

 

Ese mecanismo tiene incluso un nombre en la tradición filosófica: el ataque "ad hominem". En lugar de refutar una idea, se intenta destruir la credibilidad de quien la defiende. La verdad deja de importar; lo importante es que el adversario quede señalado. El debate público deja entonces de ser un espacio para confrontar proyectos y se transforma en un espectáculo donde vencer importa más que convencer.

 

Las redes sociales amplifican este fenómeno. El anonimato o el refugio tras perfiles falsos proporcionan una sensación de impunidad que difícilmente existiría en una conversación cara a cara. Hay quienes jamás se atreverían a pronunciar determinadas palabras delante de otra persona, pero las escriben sin pudor desde la comodidad de una pantalla. La distancia digital elimina el gesto, la mirada y la responsabilidad moral que acompañan a cualquier diálogo entre seres humanos.

 

A esa realidad se suma la proliferación de los llamados pseudomedios: espacios que adoptan la apariencia de medios de comunicación, pero que renuncian a los principios esenciales del periodismo. Su objetivo no siempre es informar, sino influir; no siempre es contrastar los hechos, sino confirmar los prejuicios de su audiencia; no siempre es buscar la verdad, sino generar indignación, clics y polarización. La opinión se disfraza de noticia, el rumor se presenta como prueba y la sospecha acaba convertida en sentencia.

 

Paradójicamente, quienes más invocan la libertad de expresión son, en ocasiones, quienes menos toleran la libertad de pensamiento. Confunden la crítica con una agresión personal y responden a los argumentos con campañas de descrédito. No pretenden rebatir una idea; pretenden desacreditar a quien la expresa. Es una estrategia tan antigua como eficaz: si no puedes desmontar el mensaje, intenta destruir al mensajero.

 

Sin embargo, una democracia madura necesita exactamente lo contrario. Necesita periodistas que verifiquen antes de publicar, ciudadanía que contraste antes de compartir y responsables públicos capaces de responder a las críticas con argumentos en lugar de recurrir a la descalificación. La discrepancia fortalece la democracia; el insulto la empobrece.

 

Quien confía en la fuerza de sus ideas no necesita destruir a quien piensa diferente. Expone, razona, escucha y convence. Quien recurre sistemáticamente al ataque personal suele revelar, quizá sin pretenderlo, la fragilidad de su propia posición. El insulto puede proporcionar un aplauso fácil, un titular llamativo o miles de interacciones en las redes sociales, pero jamás sustituirá a un argumento bien construido.

 

La política nació para confrontar ideas, no para destruir personas. El adversario político no es un enemigo; es alguien que propone un camino distinto para alcanzar el bien común. Cuando olvidamos esa diferencia, dejamos de hacer política para alimentar la confrontación permanente y convertir el espacio público en un campo de batalla.

 

Hace más de dos mil años, Aristóteles afirmó que "el hombre es por naturaleza un animal político". Con ello no solo describía nuestra necesidad de vivir en comunidad, sino también nuestra capacidad para deliberar, dialogar y buscar juntos el bien común. Esa es la esencia de la política: el intercambio de razones, no el intercambio de insultos.

 

Porque los argumentos construyen puentes; los insultos solo levantan trincheras. Los puentes permiten que las ideas circulen, que las diferencias se comprendan y que las sociedades avancen. Las trincheras, en cambio, aíslan, enfrentan y convierten al vecino en un adversario permanente.

 

Una sociedad que sustituye los puentes por las trincheras termina olvidando que la política nació para encontrarse, para dialogar y para construir un futuro compartido. La democracia no se fortalece cuando todos piensan igual, sino cuando quienes piensan distinto son capaces de debatir con respeto, honestidad y argumentos. Esa es la verdadera grandeza de la política y también la mayor responsabilidad de quienes participan en ella. Como enseñó Aristóteles, la política solo alcanza su plenitud cuando está orientada al bien común; todo lo que la aleja de ese propósito —el insulto, la mentira y la descalificación— no la fortalece, sino que la degrada.

Diego Fernando Ojeda Ramos, fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.


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