jueves, 22 de enero de 2026

Ante el odio, la solidaridad — un giro profundo hacia la paz.

 


Vivimos tiempos de profunda polarización, donde la desesperanza parece nutrirse del miedo y del conflicto. Donde la paz, esa quietud esencial del espíritu, queda relegada a la sombra y el espacio-tiempo parece como suspendido, sin rumbo. En este paisaje, la percepción de amenaza se impone sobre la percepción de unión. La convivencia pacífica, el respeto por la dignidad humana y la empatía hacia el otro parecen perder significado ante las narrativas que exaltan división, poder y desconfianza.

Pero este no es un destino inevitable, sino un llamado: un llamado a cambiar la percepción, a reemplazar la visión de separación por la visión de unidad, a elegir la solidaridad en lugar del miedo.

El miedo es una ilusión —una interpretación de la mente que nos separa de nuestra esencia verdadera— y que la violencia nace del mismo malentendido. Desde esa perspectiva, cada acto de solidaridad es un pequeño milagro: una elección por la luz en vez de la oscuridad, por la paz en lugar del conflicto.

En este contexto global, el discurso reciente de Mark Carney en el Foro Económico Mundial en Davos,  cobra un significado simbólico y real. Carney habló de una ruptura del orden internacional tradicional —de un sistema de relaciones basado en normas que hoy se fragmenta ante la rivalidad de grandes poderes— y de la necesidad de que las naciones medianas actúen unidas para construir un nuevo orden más justo y estable. Rechazó la resignación ante sistemas que ya no protegen a todos por igual y subrayó que la cooperación basada en valores humanos fundamentales es crucial para el futuro global.

Esa reflexión geopolítica, puede entenderse como un eco colectivo de una verdad más profunda: cuando nos aferramos a la hostilidad, al miedo y a la desconfianza, perdemos nuestra capacidad de ver la unidad esencial entre los seres humanos.

Ante realidades que parecen alimentar el odio: Ante el odio, la solidaridad — porque solo a través de la empatía y la acción conjunta es posible reconstruir la confianza. Ante la mentira, la verdad compartida — porque la luz disuelve las sombras. Ante el ruido, la presencia en la naturaleza — porque en el silencio del mundo natural hallamos calma y perspectiva.

La invitación de Carney a formar alianzas estratégicas entre países medianos, de no resignarse a ser “menú” en un mundo de grandes intereses, puede resonar con nosotros como una metáfora: no podemos aceptar la narrativa del miedo como nuestra única historia. Más allá de la arena política, la humanidad está llamada a reencontrar la paz interior y externa, a reconocer que la verdadera fortaleza no procede del dominio, sino de la cooperación y de la solidaridad.

La verdadera transformación no ocurre a través de la lucha externa, sino por una corrección interna de la percepción: ver al otro no como enemigo, sino como hermano o hermana, reconocer que todas las almas buscan lo mismo —paz, amor, seguridad— y que solo la unión consciente puede traer la verdadera sanación.

Porque, en realidad, el mundo que vivimos es también el mundo que elegimos percibir. Y la gran oportunidad de nuestro tiempo es encender la esperanza colectiva, recuperar la sensatez y avanzar hacia un sistema de convivencia global que honre la dignidad humana, basado en la solidaridad, la verdad y la paz.

 

El odio no puede expulsar al odio; solo el amor puede hacerlo. Martín Luther King Jr.

 

Artículo de Palmira Déniz Verona, Secretaria de Igualdad, Feminismo y Diversidad de Nueva Canarias Bloque Canarista Telde.

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