La fuerza de una historia que
merece un hogar a su altura.
Hay
victorias que trascienden el resultado de una luchada. Son triunfos que premian
años de sacrificio, de trabajo silencioso y de amor por un escudo. El reciente título
regional de Tercera Categoría conquistado por el Club de Lucha Castro Morales
pertenece a esa clase de gestas que engrandecen el deporte canario y, muy
especialmente, el nombre de Telde.
Como
teldense y como portavoz de Nueva Canarias, quiero trasladar mi más sincera
felicitación a luchadores, cuerpo técnico, directiva, afición y a toda la gran
familia del Castro Morales. Este campeonato no es fruto de la casualidad, sino
del esfuerzo, la constancia y la capacidad de una entidad que nunca ha dejado de
creer en su proyecto, incluso en los momentos más difíciles.
Mención
especial merece el joven Yenedey, héroe de la final, capaz de llevar a tierra a
cinco rivales para conducir a los teldenses hacia un campeonato que ya forma
parte de la historia del club. Actuaciones como la suya son el mejor ejemplo de
que cuando se apuesta por la cantera, por la formación y por los valores, el
futuro de la lucha canaria está garantizado.
Pero
hablar del Castro Morales es hablar de mucho más que un título. Es hablar de un
club que forma personas antes que deportistas, que mantiene viva una de
nuestras tradiciones más arraigadas y que representa con orgullo a Telde allí
donde compite. Es una entidad que ha sabido reinventarse sin perder nunca sus
raíces, gracias al esfuerzo de generaciones enteras que han entendido la lucha
canaria como una escuela de respeto, nobleza y compromiso con la comunidad.
Precisamente
por eso resulta imposible olvidar que durante muchos años su hogar fue el
histórico terrero del Faro de Maspalomas, en el Polideportivo Paco Artiles. Un
espacio cargado de recuerdos que el club no abandonó por voluntad propia, sino
como consecuencia de una decisión política adoptada por el Ayuntamiento de
Telde, gobernado entonces por una coalición formada por el Partido Popular,
Coalición Canaria y CIUCA —partido al que pertenecía el actual alcalde, Juan
Antonio Peña—, que decidió eliminar el terrero para construir una piscina con
el objetivo de ampliar las instalaciones explotadas por la empresa
concesionaria y aumentar su rentabilidad económica.
Aquella
decisión obligó al Castro Morales a iniciar una nueva etapa en el terrero Amado
Díaz Guillén, en Las Huesas. Con el paso de los años, las deficiencias de esas
instalaciones hicieron evidente la necesidad de una actuación integral.
Por
ello, durante el anterior mandato municipal y tras el diálogo entre el
Ayuntamiento y la directiva del club, se alcanzó un consenso para trasladar
temporalmente la actividad al terrero de Lomo Cementerio mientras se redactaba
y ejecutaba un proyecto de rehabilitación del Amado Díaz Guillén. Aquella
decisión buscaba una única cosa: garantizar que el club pudiera seguir
creciendo en unas condiciones dignas.
Y
el tiempo confirmó que fue la decisión acertada. El Castro Morales ha vivido
uno de los periodos de mayor crecimiento de su historia. La cantera no ha
dejado de incorporar niños y niñas; el número de equipos ha aumentado; las
categorías de base se han fortalecido y los equipos femeninos representan hoy
el avance de un deporte cada vez más inclusivo. Esa es la mejor demostración de
que cuando se apuesta por el deporte desde la planificación y el consenso, los
resultados llegan.
Por
eso preocupa profundamente que el actual gobierno municipal haya decidido
acelerar la reapertura del terrero Amado Díaz Guillén sin que las obras
garantizaran unas condiciones plenamente adecuadas. Lo sucedido durante la
final regional de Tercera Categoría del pasado sábado no puede calificarse como
una simple incidencia. Fue la evidencia de que las prisas nunca deben imponerse
a la seguridad ni a la calidad de unas instalaciones deportivas.
Todos
los asistentes pudieron comprobar las deficiencias existentes. Hasta siete
focos dejaron de funcionar durante la luchada, reduciendo notablemente la
iluminación del terrero y dejando las gradas prácticamente a oscuras. La
competición tuvo que detenerse hasta que el marcador pudo conectarse al grupo
electrógeno que había desplazado la televisión para garantizar la
retransmisión.
A
ello se sumaron accesos deteriorados con baches que provocaron tropiezos,
problemas en la iluminación exterior, vestuarios donde los propios luchadores
denunciaron haberse duchado prácticamente a oscuras y unos baños para el
público que siguen sin estar adaptados para personas con movilidad reducida. No
son detalles menores. Son cuestiones que afectan a la seguridad, a la
accesibilidad y a la imagen que proyecta Telde cuando acoge un evento deportivo
de ámbito regional.
Y,
sin embargo, frente a todas esas carencias volvió a imponerse la grandeza del
Castro Morales. Porque las instalaciones fallaron, pero el club respondió con
trabajo, compromiso y orgullo. Esa diferencia explica por qué el Castro Morales
sigue siendo un referente del deporte canario.
Este
campeonato debe servir también para abrir una reflexión. Nuestros clubes
cumplen cada día con su responsabilidad formando deportistas, educando en
valores y fortaleciendo el tejido social de nuestros barrios. La administración
pública tiene la obligación de estar a la misma altura, planificando,
invirtiendo y ofreciendo instalaciones dignas. No es razonable que quienes
sostienen con tanto esfuerzo el deporte de Telde tengan que hacerlo, además,
salvando las carencias de unas infraestructuras que deberían estar garantizadas
desde lo público. Más aún cuando se llegó a devolver al Cabildo de Gran Canaria
una subvención destinada precisamente a ejecutar las mejoras del terrero.
Siempre
he defendido que apostar por el deporte no es un gasto, sino una inversión en
salud, educación, convivencia y cohesión social. Cada euro destinado al deporte
revierte en una ciudad más saludable, con más oportunidades para nuestros
jóvenes y con un tejido asociativo más fuerte. Por eso seguiré reclamando que
el presupuesto municipal responda de verdad a las necesidades del deporte
teldense y deje de tratar esta área como una cuestión secundaria.
Telde
cuenta con clubes ejemplares, con deportistas que llevan el nombre de nuestro
municipio por toda Canarias y con cientos de familias que dedican su tiempo de
manera altruista para mantener viva la actividad deportiva. Lo mínimo que
pueden esperar de su Ayuntamiento es el mismo compromiso que ellos demuestran
cada día. Las administraciones no pueden limitarse a acudir a las finales para
hacerse una fotografía; deben estar presentes durante todo el año,
planificando, escuchando a los clubes y dotándolos de los recursos necesarios
para desarrollar su labor con garantías.
Ese
seguirá siendo mi compromiso: defender un modelo de ciudad que crea en el
deporte, que cuide sus instalaciones, que apoye a los clubes y que haga del
presupuesto municipal una herramienta al servicio de las verdaderas necesidades
de Telde. Porque cuando se invierte en deporte, se invierte en el futuro de
nuestro municipio.
El
Castro Morales ya ha demostrado que sabe construir campeones. Ahora le
corresponde al Ayuntamiento demostrar que sabe cuidar y respaldar a quienes,
con esfuerzo y dedicación, engrandecen el nombre de Telde dentro y fuera del
terrero. Porque una historia como la del Castro Morales merece un hogar que
esté a la altura de su grandeza.
José
Luis Macías Alonso es Concejal-Portavoz de Nueva Canarias – Bloque Canarista en
el M.I. Ayuntamiento de Telde y Secretario General de Nueva Canarias – Bloque
Canarista Telde.
