La papa
que alimenta a Gran Canaria, sostiene su paisaje y fortalece nuestra soberanía
alimentaria.
Artículo de Diego Ojeda Ramos.
La papa de Gran Canaria es uno de
esos productos que sostienen la memoria de nuestro pueblo. En Gran Canaria no
es únicamente un alimento cotidiano; es una forma de entender la tierra, una
expresión de nuestra cultura agrícola y un símbolo de la capacidad que tiene
una isla para alimentarse a sí misma cuando existe una estrategia pública
comprometida con quienes trabajan el campo.
La historia de Gran Canaria puede
leerse también a través de sus surcos. Cada bancal de medianías, cada finca de
cumbre, cada terreno recuperado del abandono guarda la huella de generaciones
que hicieron de la agricultura mucho más que una actividad económica: un
compromiso con el territorio. La papa, humilde en apariencia, ha sido durante
décadas una de las principales protagonistas de esa historia silenciosa.
Vivimos en un mundo donde la
globalización ha convertido los alimentos en mercancías que recorren miles de
kilómetros antes de llegar a nuestra mesa. Sin embargo, cada crisis
internacional demuestra la fragilidad de depender exclusivamente del exterior.
Canarias conoce bien esa vulnerabilidad. Somos un territorio insular, alejado
de los grandes centros productores y condicionado por la disponibilidad de
transporte y suministros. Por ello, hablar de producción local ya no es
únicamente una cuestión económica; es hablar de seguridad, de resiliencia y,
sobre todo, de soberanía alimentaria.
Gran Canaria ofrece hoy un ejemplo
que merece ser reconocido. Con aproximadamente 1.200 hectáreas dedicadas al
cultivo de la papa, la isla produce cerca de 49 millones de kilos anuales,
prácticamente la misma cantidad que consume su población, estimada en torno a
los 50 millones de kilos al año, unos 35 kilogramos por habitante. Son cifras
que permiten cumplir los parámetros establecidos por la FAO para alcanzar la
soberanía alimentaria en este cultivo.
Este dato adquiere aún mayor
relevancia cuando se observa la evolución del sector. Desde 2016 la superficie
cultivada en Gran Canaria ha aumentado un 6,3 %, mientras que el conjunto del
archipiélago ha sufrido una reducción cercana al 26,5 %. Allí donde otros
retroceden, Gran Canaria avanza. No es fruto del azar. Detrás de estos
resultados existe una planificación constante, una estrategia técnica y una
voluntad política de fortalecer el sector primario como uno de los pilares del
futuro insular.
La papa representa también una
contradicción que invita a la reflexión. Cada año entran por el Puerto de La
Luz y de Las Palmas alrededor de 36 millones de kilos de papas procedentes del
exterior. Sin embargo, casi un tercio de esa cantidad tiene como destino otras
islas, principalmente Tenerife. Estos datos permiten comprender mejor la
dimensión productiva de Gran Canaria y desmontan algunos discursos simplistas
sobre la insuficiencia de nuestra agricultura.
Pero producir mucho no basta.
También es necesario producir mejor, innovar, adaptarse al cambio climático y
ofrecer al consumidor variedades que respondan a distintos usos culinarios. Ahí
reside uno de los grandes aciertos del trabajo desarrollado por la Consejería
de Sector Primario del Cabildo de Gran Canaria.
La XVII Cata Insular de Papas
constituye probablemente la expresión más visible de una labor mucho más
amplia. Detrás de esa jornada donde veinte personas expertas —diez mujeres y
diez hombres— han analizado las cualidades gastronómicas de las principales
variedades cultivadas en la isla existe un enorme trabajo científico
desarrollado durante todo el año por los técnicos del Servicio de Extensión
Agraria y de la Granja Agrícola Experimental.
Los resultados de esta
decimoséptima edición ponen de manifiesto el extraordinario nivel alcanzado por
las variedades evaluadas y confirman la importancia de combinar investigación
agronómica con análisis sensorial para ofrecer al sector y a los consumidores
la mejor información posible. Tras la valoración de los parámetros
organolépticos establecidos por el jurado, la variedad Búster, representada por
la empresa Pep Innovation S.L.U., fue proclamada Mejor Papa de Valoración
Organoléptica, seguida por Negra Yema de Huevo y Gatsby, tres variedades que
destacaron por su excelente equilibrio entre sabor, textura y calidad
culinaria.
La versatilidad de Búster volvió a
quedar patente al alzarse también con el primer puesto en las categorías de
papas sancochadas y papas fritas, consolidándose como una de las variedades más
completas de la cata. En la modalidad de papas arrugadas, una de las
preparaciones más emblemáticas de la gastronomía canaria, la vencedora fue
Galáctica, seguida de Gatsby y Búster, evidenciando el elevado potencial
gastronómico de las variedades ensayadas.
La calidad visual del producto
también tuvo su reconocimiento. En la categoría de Mejor Imagen, el primer
premio recayó en la variedad Jelly, representada por Europlant, mientras que
Electra y Picasso ocuparon la segunda y tercera posición, respectivamente. Una
clasificación que demuestra que la innovación varietal no solo debe responder a
criterios de productividad y resistencia, sino también a las crecientes
exigencias comerciales y de presentación que demanda el mercado.
Más allá del resultado de un
concurso, esta clasificación constituye una valiosa herramienta para orientar
las decisiones de las personas agricultoras, facilitar la transferencia de
conocimiento al sector y ofrecer al consumidor referencias objetivas sobre las
variedades que mejor responden a cada uso culinario. Es, en definitiva, la
culminación visible de un intenso trabajo de investigación, experimentación y
asesoramiento técnico que el Cabildo de Gran Canaria desarrolla durante todo el
año para seguir fortaleciendo uno de los cultivos estratégicos de la isla.
En la Finca de Osorio no se
improvisa el futuro del cultivo. Allí se ensayan nuevas variedades, se comparan
rendimientos, se estudian resistencias frente a enfermedades y se seleccionan
aquellas capaces de ofrecer mejores resultados tanto para la persona
agricultora como para la consumidora.
Este año se han evaluado veinticuatro
variedades mediante un riguroso diseño experimental. Ocho de ellas eran
completamente nuevas y dieciséis repetían tras haber demostrado excelentes
resultados en campañas anteriores. Los ensayos permiten conocer qué variedades
producen más, cuáles resisten mejor las enfermedades y cuáles ofrecen una mayor
calidad culinaria.
La campaña de 2026 no ha sido
sencilla. Las lluvias persistentes, las bajas temperaturas del suelo, la
elevada humedad y la aparición de nuevas cepas especialmente agresivas de mildiu
y alternaria redujeron notablemente los rendimientos respecto a campañas
anteriores. A ello se sumaron ataques puntuales de minador y problemas
bacterianos como el pie negro (Pectobacterium y Dickeya)
Sin embargo, incluso en un año
difícil, la investigación vuelve a demostrar su importancia. Cerca del 40 % de
las variedades ensayadas mostraron una elevada resistencia frente a estos
hongos, ofreciendo información valiosísima para orientar las futuras
plantaciones.
Especialmente significativa
resulta la ausencia de ataques de la polilla guatemalteca (Tecia solanivora),
dentro de los ensayos del Cabildo. No es casualidad. Es el resultado de un Plan
de Control desarrollado desde hace años que moviliza aproximadamente 600.000
euros anuales para colaborar con las personas agricultoras en la retirada del
material infectado y fomentar nuevas prácticas agronómicas como las rotaciones
de cultivo y la utilización de tratamientos más respetuosos con el medio
ambiente. La incidencia de la plaga disminuye campaña tras campaña porque la
prevención siempre resulta más eficaz que la improvisación.
Pero reducir la acción pública
únicamente a la investigación sería profundamente injusto.
El Programa Insular de Desarrollo
del Cultivo de la Papa constituye probablemente una de las estrategias
agrícolas más completas desarrolladas en Canarias. Abarca el asesoramiento
técnico permanente a personas agricultoras consolidadas y nuevos productores;
la formación especializada en plantación, fertilización, riego, control
fitosanitario y gestión empresarial; los análisis de suelos y enfermedades; los
estudios continuos de costes de producción; las ayudas para recuperar terrenos
abandonados mediante el Banco de Tierras; las subvenciones destinadas a
pequeñas inversiones y maquinaria; la mejora de caminos agrícolas y la
ejecución de importantes infraestructuras hidráulicas para garantizar el agua
de riego.
No son actuaciones aisladas.
Forman parte de una visión integral que entiende que el éxito de una
explotación agrícola depende tanto del conocimiento técnico como de disponer de
agua, accesos adecuados, rentabilidad económica y acompañamiento institucional.
Especialmente esperanzadora
resulta la futura creación de una asociación insular de personas productoras de
papa, impulsada desde la propia Consejería junto al sector. La organización
colectiva fortalece la capacidad negociadora de las personas agricultoras,
facilita la transferencia de conocimiento y favorece una interlocución mucho
más eficaz con las administraciones públicas.
Todo ello responde además a los
objetivos estratégicos definidos para el sector primario de Gran Canaria:
mejorar la competitividad de las explotaciones, reforzar el asesoramiento
técnico, profesionalizar el sector, fomentar el intercambio de conocimiento,
impulsar prácticas agrícolas ambientalmente sostenibles y dignificar la figura
de la persona agricultora como garante del equilibrio territorial.
Porque cultivar papas no consiste
únicamente en producir alimentos.
Cada finca que permanece activa
evita el abandono del territorio. Cada persona agricultora que continúa
trabajando contribuye a fijar población en las medianías y la cumbre. Cada
bancal cultivado mantiene vivo ese paisaje en mosaico que actúa como una
barrera natural frente a los grandes incendios forestales. La agricultura
produce alimentos, pero también biodiversidad, paisaje, empleo, identidad y
protección ambiental.
Los datos económicos ayudan
igualmente a comprender el esfuerzo que realiza quien cultiva la tierra. Los
estudios de costes elaborados y validados por el propio sector sitúan el coste
medio de producción entre 0,70 y 0,75 euros por kilogramo. Frente a ello, las
ayudas vinculadas a la comercialización, la superficie cultivada o la
pertenencia a organizaciones de productores alivian parcialmente ese esfuerzo,
contribuyendo a mantener la viabilidad económica de unas explotaciones que
difícilmente podrían competir en igualdad de condiciones con grandes
producciones continentales.
Por eso resulta tan importante
poner rostro a quienes hacen posible esta realidad. Detrás de cada saco de
papas hay personas agricultoras que madrugan antes del amanecer, técnicas que
investigan nuevas variedades, personal administrativo que tramita expedientes,
especialistas que analizan suelos y enfermedades, comunidades de regantes que
garantizan el agua y profesionales que planifican infraestructuras pensando en
las próximas generaciones.
También por eso adquieren tanto
valor iniciativas como la VIII Feria Insular de la Papa de Gran Canaria, que
volverá a convertir Teror en el gran escaparate del sector. Allí no solo se
mostrarán las variedades cultivadas; también se compartirán los resultados de
los ensayos, se celebrarán jornadas técnicas, concursos gastronómicos y
fotográficos, reconocimientos a personas productoras y espacios para acercar el
conocimiento científico a la ciudadanía. Porque la innovación solo cobra
verdadero sentido cuando termina llegando a quienes cultivan la tierra y a
quienes consumen sus frutos.
La papa de Gran Canaria es, en
definitiva, mucho más que un cultivo. Es una política pública bien orientada,
una apuesta por la autosuficiencia alimentaria, un ejemplo de colaboración
entre administración y sector productor y una demostración de que el desarrollo
rural no pertenece al pasado, sino que constituye una de las mejores
inversiones de futuro.
Mientras existan personas
agricultoras dispuestas a seguir sembrando y administraciones comprometidas con
acompañarlas mediante investigación, asesoramiento, infraestructuras y
planificación, Gran Canaria continuará escribiendo una historia de éxito
silenciosa, pero extraordinariamente valiosa. Una historia que comienza en un
pequeño tubérculo enterrado bajo la tierra y termina convirtiéndose en
alimento, empleo, paisaje, identidad y esperanza para toda una isla.
*Diego Fernando Ojeda Ramos, fue
concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del
sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular
de Gran Canaria.
